La Casa de Asterión – Amantes solitarios

Eduardo Ángeles / @Asterion_25 / eduardoangeles@capitalinoerrante.com

La calle estaba vacía y el sentimiento intacto, los amantes pasaban, día tras día, del sol a la luna, amantes solitarios que caminan junto a las incoloras paredes, pero sin saber que van por el rumbo de su anhelo perdido, les hace falta suerte y casualidad para encontrarse, y más que suertudos, deben ser tontos para enamorarse.

Qué conveniente es el mundo, la ciudad; porque cuando más solo se siente uno, más grande se hace. Y con hambre de verse a sí mismos viajan los ojos de aquí para allá en busca del espejo; mientras, pensando si habrá en algún rincón bajo algún árbol de esta selva alguien a quien le quepan las mismas fantasías, el pudor y el dolor.

Sin arriar su deseo, caminan, inadvertidos. Así se desgastan las tardes, ilusos, flotando a los muros conocidos y entrando al vacío de donde provienen los amantes, rebotando los resortes, amainando las plumas y agitando el algodón, mirando el techo, y de vez en cuando la luna, que “…será la misma que ella ve”.

Sobre el cielo, las estrellas, bajo las luces, las sombras, y ante las gotas, el polvo, así se enclaustran los amantes solitarios, recorriendo el mismo camino de la pasión y la soledad, pisando el redivivo suelo sin saberse uno a otro, sin conocer el mismo segundo, minuto y hora que los reunirá para ahora, así, caminar las calles juntos; a tiempo.

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Ilustración: Juan R.



La Guía Definitiva de la Ciudad de México


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