¡Asústame panteón! – El sádico

El Sádico. Foto: Internet

 

Julio Ramírez / @10julio_rami / julioramirez@capitalinoerrante.com

Ahora es el turno de la sección que va a cambiar el sentido de ver a los capitalinos como personas normales. Tal vez te quedarás con el ojo cuadrado por lo que leerás, pero vale la pena hacer un esfuerzo por entender lo que se quiere plasmar.

Mi sección, “Asústame panteón”, hablará de asesinos que viven en el DF -algunos están presos pero otros siguen en libertad-, leyendas o mitos urbanos de la ciudad con más habitantes en América Latina y alguna que otra cosa extraña que podría quitarte el sueño.

Sólo queda agradecer el apoyo que estamos recibiendo de todos ustedes para que el proyecto vaya en ascenso, con ello hacen que cada integrante de Capitalino Errante se esfuerce al máximo para que nuestro contenido sea excelente y de su agrado. Sin más por el momento, cortamos el listón para comenzar con las mejores historias -no son las de Dross- que te puedas encontrar en la web.

El Sádico

La apariencia es el arma principal para provocar el instinto más antiguo del ser humano, el deseo nos lleva a la obsesión ocasionando una serie de alucinaciones que pueden terminar en una maleta donde los caminantes apenas pueden ver lo que hay dentro.

Raúl Osiel Marroquín se esmeró en despertar la tentación sexual que está atrapada dentro de cada persona, se paseó por las calles de la Zona Rosa (principalmente en bares como Neón y Cabaretit) en la búsqueda del acompañante que pronto se convertiría en partes de su secreto, dentro de aquella maleta atrayente de miradas.

Rubén gozó de una familia, tenía una hija, cursó un año la carrera de médico militar y estuvo cuatro años en el Ejército Mexicano.

Ex militar – grado de Sargento primero- y con sólo 25 años de edad, parecía que tenía una vida normal… pero eso es lo que nosotros queremos creer.

Rubén Marroquín pensó que los homosexuales eran un problema para la sociedad y que su misión era acabar uno por uno como si fuera un ángel exterminador.

Claro, la perversión sexual, que era su principal característica, combinada con su arraigada megalomanía -delirio de grandeza- detonaba un Marqués de Sade mexicano.

Cuando caía la noche era como un zorro en un gallinero; iba de bar en bar para convencer a jóvenes homosexuales, que pasaran la noche en su departamento -sin saber que terminarían siendo ultrajados, torturados, asfixiados y destazados-, para tener un rato placentero hasta amanecer a las afueras del Metro Chabacano y la colonia Asturias en la Venustiano Carranza.

Departamento de Marroquín. Foto: Internet

Primero los llevaba a un hotel para poder tener más intimidad, ahí comenzaba la tortura y su diversión. De camino al lugar pactado todo indicaba que la situación se ponía cada vez mejor, caricias, besos y arrumacos creaban confianza entre sus víctimas. La cosa cambiaba cuando llegaban al hotel; cerrando la puerta se convertía en una bestia creando juegos sexuales y ya con más confianza se trasladaban a su departamento que se localiza en la colonia Asturias de la Venustiano Carranza (Andres Molina Enríquez 4223, int 2…por si gustan visitar)

Entrando en el departamento, Raúl les invitaba unos tragos para hacer la velada más amena, mientras pensaba ¿qué será más divertido, guardarlos en su maleta o en una bolsa de basura?, ¿dejarlos en las inmediaciones de la estación Chabacano?, ¿dejar que los perros se hicieran cargo de sus entrañas?, ¿qué hacer primero, usar el cinturon o afilar el cuchillo?.

Tomando confianza con su cita, aprovechaba para investigar si tenían fondos suficientes para viajar juntos -si podían pagar 120 mil pesos de rescate, que aunque lo pagaran, no servía de mucho-, y así comenzar una nueva aventura. Claro, le gustaba mucho respirar aire limpio, por esa razón, mientras acariciaba a sus acompañantes convenciéndolos que siempre ha degustado del manjar de los hombres, se quitaba el cinturón para poder enredarlo por el cuello y después apretarlo hasta el momento de dejarlos inconscientes.

Teniendo inmóviles a sus presas, preparaba los fileteros y comenzaba a construir su rompecabezas dentro de la maleta, ¿qué va primero, la cabeza, manos, pies o mejor el torso? No importa, si estaba cansado no desarmaba el rompecabezas y lo metía entero a las bolsas negras que podían soportar 70 kilos de peso, bueno, tal vez si le quitaba un poco de tejido pesaría menos y tendría una bonita decoración en su depa.

La noche era cómplice de Raúl y su manía por secuestrar y asesinar a homosexuales, pero no podía dejar que la luz del amanecer descubriera el oscuro secreto que encerraba sus maletas. Salía con el regalo para las calles del Distrito Federal y dejaba la sorpresa para los capitalinos que caminaban por la estación Chabacano o principalmente en los pasos a desnivel en Tlalpan.

Ahora sabemos el secreto de la bolsa negra, los curiosos pudieron descubrir la alucinación que se encontraba dentro de la maleta, porque algunas veces se veía la cabeza con los ojos que aún reflejaban la tortura por la que habían pasado en toda la noche.

Con seis secuestros (cuatro de ellos terminando en asesinatos), Raúl “El Sádico” Marroquín, declaró el día de su arresto (enero, 2006) que le hacía un bien a la sociedad, sin arrepentimiento de lo que había hecho y lo volvería a hacer pero con más cuidado para no ser capturado. El símbolo de la homofobia en nuestro querido Distrito Federal y su cómplice, Enrique Madrid, fueron condenados a 147 años de prisión.

Raúl Osiel Marroquín Reyes, alías “El Sádico”, nuestro Marqués de Sade mexicano.

Ahora no creas que estás muy carita o que tus vecinos -los de 10 en la escuela, los que tienen hijos, buen trabajo o su actitud siempre es positiva- son personas normales, en esta ciudad sobrepoblada podemos encontrar personajes que se pueden hacer abrigos con tu piel, collares con tus orejas, anillos con un ojo de detalle, comida con tu pedazo de pierna o un trofeo con tu cabeza. Y ya sabes que si en un bar te ven bonito, puedes amanecer afuera de Cuatro Caminos

 

Prensa Amarilla. Foto: Internet



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