Conciliar el sueño. La Casa de Asterión.

Conciliar el sueño

 Por Fernando Vixtha

Una mujer vomitando en el baño. Llorando y vomitando. Quien la viera pensaría que acaba de terminar con su novio o descubrir una infidelidad. Está lastimada. Es una mujer  atractiva aunque no muy joven.  En la casa solo se escuchan los sollozos de la mujer y la televisión encendida.

¿Por qué te fuiste? ¿Por qué me dejaste? La mujer no tiene fuerzas para gritar, solo pronuncia palabras en voz baja. Las dice sin pensar.

Supe que iba a ser un mal día. No sé cómo, sólo lo supe. Quería que se quedara en la cama, que esta vez no fuera a trabajar. Esa noche me sentí tan plena, tan viva, tan suya. No quería perder eso, tuve miedo. No era un sentimiento como cualquier otro, no eran celos ni preocupación de que me dejara por otra. Era el terror que me invadía al pensar que no iba a regresar. Quizá yo tuve la culpa y por preocuparme sucedió esto.

Lamentamos informar que hubo un accidente en la avenida central. Un camión impactó a un automóvil particular.  Ambos conductores murieron y algunos pasajeros están gravemente heridos. El tráfico será lento.

Cada noche la mujer saca la ropa sucia de su marido, se envuelve con ella y se queda dormida por poco tiempo sobre el lado de la cama que ya nadie usará. ¿Por qué? ¿Por qué te fuiste? Me hubieras dejado tu sonrisa, tu calor, me hubieras dejado tu brazo para dormir tranquila.

Pocas personas fueron al velorio. Familiares y amigos, no más de cincuenta en total. Una mujer ojerosa recibe abrazos y palabras de aliento. La mujer no llora solo está sentada frente al ataúd cerrado donde un hombre desfigurado descansa.

—¿No has dormido bien verdad amiga? Ya sé que es difícil pero tienes que superarlo. Ya son dos meses.

—No es tan fácil. No puedo olvidar la imagen de su cuerpo destrozado, lleno de sangre. Extraño su olor, su voz. Extraño sus ronquidos…

—No llores. Mira tómate estas pastillas para que descanses. Lo necesitas.

La mujer se levanta con náuseas. Seguramente fueron las pastillas. Sus días consisten en ver el vídeo que su esposo le grabó para pedirle que fuera su novia.

 Hola lindura. Quiero que sepas que me tienes hecho un idiota, un tonto que no sabe hacer nada porque algo más importante le preocupa. Me gustas. Me gustas mucho y no soporto seguir siendo tu amigo. No soporto estar sin besarte, sin pasar todas las tardes a tu lado y escuchar tu risa. Quiero ver películas contigo, cantarte las canciones que te gustan y hacerte feliz. Entonces, ¿qué dices? ¿Quieres ser mi novia?

La mujer llora de felicidad, de nostalgia. Si hubiera grabado cuando le pidió ser su esposa no soportaría verlo. Lo que daría por olvidar la imagen del cuerpo que amó destrozado, por escuchar uno de sus chistes, porque entrara a la casa y le vuelva a decir “ya llegué muñeca”. Lo que daría por una noche más a su lado.

Sus vómitos son cada vez más frecuentes. Ha dejado de tomar las pastillas para dormir pero las náuseas y los mareos continúan. La mujer va al médico. Le hacen una prueba de sangre y le dan la noticia. Esa noche la mujer puede dormir sin tomar ninguna pastilla y sin sentir tristeza. Su esposo no se fue sin dejar algo de él.



La Guía Definitiva de la Ciudad de México


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