Cuauhtémoc, el sazón del barrio.

Cuahutémoc Blanco

Estamos a punto de ver historia. Cuauhtémoc Blanco vuelve al Estadio Azteca, cuna de sus más grandes hazañas, para deleitar la pupila de sus miles de seguidores por última vez.
Por Dante García.
El Cuau es casi una deidad en la capital del país; su esencia vive en cada rincón de barrio y en cada ‘túnel’ aplicado a un incauto en las calles de la ciudad; es el ídolo tepiteño que derrumbó el mito del futbolista glamouroso.
Aún más calvo, con 20 kilos de más, una prominente panza y la joroba de siempre, el eterno 10 promete, y mucho. Su golpeo de balón sigue intacto, y qué decir de ese espíritu de lucha forjado en la pobreza.
El metro estará a reventar; Tasqueña vibrará desde horas antes y qué decir del Tren Ligero, que parece derrumbarse a cada kilómetro que avanza, pero que hoy será capaz de resistir hasta el último momento en una tarde más que especial.
Ya imagino las camisetas conmemorativas, la clásica playera pirata con el 100 en la espalda, doblemente significativo, por un siglo del Club América y los 43 años del Temo, quien no se permitirá un sólo ridículo con el club de sus amores.
Hoy el Azteca latirá sin cesar, al ritmo del trote de Cuauhtémoc Blanco, pero con toda la pasión que éste pondrá sobre la cancha. Pasión, o más bien huevos, como bien diría el hoy edil de Cuernavaca.
Nunca olvidaré el 5 de marzo del 2016, y tampoco lo harán las otras 80mil personas que darán el último adiós al Cuau, que no será fúnebre, más bien festivo, con ese sazón del barrio que sólo un chilango podría impregnar.



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