de Escenarios y Pantallas – Aullando entre coches

 

Sergio Romero / @sr24_182 / sergioromero@capitalinoerrante.com

Seguramente cuando eras morro veías en las caricaturas o películas gringas que las parejas iban a un cine muy particular, donde la película no se proyectaba adentro de una sala, sino al aire libre, en un lugar lleno de carros.

No es difícil que tus jefes hayan estado en este tipo de lugares mucho antes de que estuvieras en planes, pues los autocinemas representaban una opción divertida, innovadora y romántica para salir sin gastar mucha lana.

Si tú recuerdas haber ido en algún momento, entonces lamento decirte que estás muy ruco, pues hace más de treinta años desaparecieron de nuestro país; hasta que en 2011, un grupo de jóvenes emprendedores tuvo la brillante idea de traerlos de vuelta.

Fue así que llegó el Autocinema Coyote. Un concepto fresco que busca reincorporar la esencia de aquellos días de rock y rebeldía: el romanticismo, la comodidad y el sabor, conjuntándolo con divertidas dinámicas que te harán querer regresar.

¿Qué carajos tiene de atractivo o cómodo ir a ver una película en tu coche? ¿Realmente es mejor que ir a una sala de cine? Son algunas de las interrogantes que llegaron a mi mente casi al momento en que mi hermana me platicó de este lugar, así que no perdí el tiempo y me lancé con ella para sentirme caricatura gringa una vez en mi vida; la experiencia resultó tan divertida, que me he convertido en un visitante frecuente, pero antes de contarte todo lo referente a este lugar, comencemos, como diría mi amigo Azem en Música Capitalina, con un poco de historia.

La extinción de los autocinemas.

Eran épocas donde la vida era fácil, con menos smog, tráfico y estrés. Los copetes no los usaban los políticos, sino rockeros y adolescentes; tu mamá se mojaba los calzones de paracaídas escuchando a Enrique Guzmán y César Costa, mientras que tu papá se la pasaba lavando y encerando ese Chevrolet Impala, tratándolo con más amor del que suele darte a ti.

La cultura del vecino del norte estaba invadiéndonos, percibiéndose en cualquier lugar. Las fuentes brotaban sin parar, aunque éstas eran de sodas, y se convirtieron en el refugio juvenil por excelencia -así como lo viste en la película de Vaselina-.

Hartos del mal estado de las salas de cine, además de la poca exhibición de películas extranjeras, los mexicanos comenzaron a frecuentar los autocinemas. Ya fuera en pareja o con amigos, acudir era una diversión garantizada, gracias a los precios accesibles y la oportunidad de disfrutar una amplia cartelera de películas que abarcaban tanto cine nacional como internacional de varias épocas.

Desde Cantinflas hasta Charlton Heston fueron proyectados ante los ojos de cientos de personas, que bajo un estrellado cielo –es la verdad, antes no había tanta contaminación- y su bote de palomitas, disfrutaban en la comodidad de sus coches la experiencia cinematográfica. Sin embargo, todo lo bueno tiene que acabar algún día; esta vez la culpable fue la avaricia, pues el incremento en la renta de los terrenos, terminó por provocar el cierre de todos los autocinemas en México, arrancando una diversión importante en la vida de nuestro país que, pareciera, estaba destinada a quedar en el olvido para siempre.

Super Coyote al rescate

Tuvieron que pasar treinta años, un terremoto, 7 presidentes, un mundial de futbol, muchas dolorosas eliminaciones en ese mismo evento deportivo, una huelgota en la UNAM, 4 premios Oscar ganados y muchas otras cosas en nuestro país para tener un autocinema de vuelta, ¡UNO!

Gracias a un grupo de jóvenes entusiastas, al estilo de los Pepe y Toño que tanto promueve el gobierno, la posibilidad de volver a ver una película bajo un cielo asfixiado por las nubes, se hizo real.

Fue el 11 de noviembre cuando el Autocinema Coyote abrió sus puertas para recibir a cientos de carros en una inauguración espectacular, que proyectó la película The Rocky Horror Picture Show; posteriormente, los Rebel Cats, mítica banda del Rockabilly en México, pondrían el broche de oro a la función con un concierto inolvidable.

Después de eso, todos los fines de semana comenzaron a exhibirse películas de todos los géneros, países y años, creando una nueva opción en el entretenimiento de nuestro país.

En muy poco tiempo, el lugar se hizo de gran fama gracias a su variedad en la cartelera, divertidas dinámicas, deliciosa comida y relativo bajo costo –la entrada por coche es de 250 pesos si es función normal y 380 por doble cartelera, puedes aplicar el auto-sardina y llevarte a toda la bola de amigos que puedan caber-.

Con un reconocimiento importante, llegó la hora de emigrar, pues el concepto fue ideado para ser un proyecto itinerante que cambie regularmente de sede, lo que terminó por llevarlos a instalarse en Avenida Santa Fe 483 –prácticamente enfrente del centro comercial que lleva el mismo nombre- delegación Cuajimalpa. Este es el único “pero” que yo le encuentro, pues además de lejos (para los que vivimos más pegado a Indios Verdes), llegar es una verdadera odisea por la falta de señalamientos claros, mi recomendación es que salgas con dos horas de anticipación si vives muy lejos, te armes de un GPS, paciencia y también valor por si te equivocas y llegas a salir a la carretera.

Una vez estando allí encontrarás que ha valido la pena el ajetreo. El trato que recibes es amable desde el principio por parte de todo el personal, que te entregará una bocina para que disfrutes de la película; otro motivo para estar temprano es el acomodo de los carros, pues si llegas cuando la función está por comenzar, te mandarán hasta atrás.

El autocinema cuenta con tecnología de primer nivel, que incluye una pantalla de 16×9 metros y un proyector digital de quince mil lúmenes, para que tu experiencia sea más que completa, sin embargo, otra cosa que yo recomendaría es que te agandalles el lugar de adelante para que veas mejor, pues dependiendo del carro, aquellos que viajen en la parte trasera pueden terminar bastante incómodos.

Si lo prefieren, frente a la pantalla hay una especie de lounge para que puedas sentarte cómodamente; no olvides llevar una cobija, pues regularmente hace un frío de la chingada.

Lo que definitivamente no puedes dejar de hacer, es probar la malteada de chocolate, las Hamburguesas Coyote, que incluyen doble carne y tocino; las papas a la francesa y las palomitas. Existen combos para forever alone’s y parejas, no gastarás más de 200 pesos en dulcería, y comerás más que en Cinepolis o Cinemex. Si te da flojera salir, solamente enciende la luz interior de tu carro y un encargado irá a tomarte la orden. Si te sientes con ganas de fumar, prueba las hookas en sus diversos sabores.

Todas las películas tienen un intermedio, aprovéchalo para visitar la tienda de regalos, un verdadero paraíso cinéfilo y geek lleno de juguetes, playeras, pantuflas y tazas de tus películas favoritas.

Recuerda verificar la cartelera, que ofrece una enorme variedad con clásicos del cine como Casablanca y King Kong (1933) hasta películas que se estrenaron en cines hace tres meses. Los boletos los puedes comprar por internet o en la taquilla del lugar; regularmente hay dinámicas en las funciones, como concursos para descuentos en dulcería, especiales de actores, funciones sorpresa de terror a la medianoche donde los empleados se disfrazan y pasan entre los carros para asustarte, además de promociones como el Miércoles de Clásicos, donde se regalan entradas a todos los coches con placas de clásico, que tengan la fortuna de librar el Hoy No Circula.

El Autocinema Coyote te dará una experiencia tanto romántica para salir con tu pareja, como divertida con tus amigos. ¡Comienza a recuperar esos 30 años de ausencia!.

No olvides ver el próximo jueves el video en Capitalino Errante y yo te espero la siguiente semana, para leer un poco más De Escenarios y Pantallas.

 

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