De la pirotecnia y otros demonios

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El silencio de la noche se interrumpe por un ruido ensordecedor y molesto que me pone en mi sentido de alerta, hace a los perros aullar y genera que las alarmas de los automóviles se enciendan. Es día de celebrar la independencia y que mejor manera de hacerlo, que contaminando el planeta.

Semanas antes a la fecha esperada, los ambulantes sacan a vender la pólvora en sus versiones más divertidas y coloridas. Por otra parte, los compradores van acumulando día con día pequeños montones de chifladores y palomas para no adquirir todo de un jalón. O bien, deciden ir al mercado de cohetes de Tultepec por sus bajos costos.

Si bien el promedio de quema de pirotecnia por persona no llega a verse suficiente, multipliquemos la cantidad de ineptos por colonia, luego por delegación y así sucesivamente para tener una visión de la proporción de gases tóxicos, sumados a la aportación diaria de emisiones contaminantes de los automóviles y empresas que ya pagaron su mordida. El “Hoy no circula” qué.

No sé si es la falta de sentido común o un error cromosómico de no entender lo dañina y peligrosa que es la pirotecnia, y me causa enojo y desesperación que exista tanta difusión sobre lo que conlleva la práctica de quemar cohetes. Artículos y anuncios promovidos por los ayuntamientos de las delegaciones, el gobierno, u organismos de protección ambiental y que sean, al momento de festejar, los primeros en explotar al menos tres meses de salario mínimo cada veinte minutos. No hace falta mencionar el Zócalo del Distrito Federal, pues el cielo queda cubierto de humo durante horas. Pero a estas alturas, ya no me sorprende.

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No basta con tener casos de niños que perdieron algún brazo o perdieron la vida por jugar con pólvora, si es que existe alguna diversión en esto. La irresponsabilidad parental de dejar ir a los menores (doblemente irresponsables) a comprar posiblemente un boleto al hospital. Y si el niño se accidenta, en vez de ayudarlo inmediatamente y reflexionar que es la culpa de una pésima educación, los padres, como si no fuera suficiente, regañan y golpean al chico por su impertinencia.

Risas bobas, gritos de locura y excitación se encargan de cubrir los pequeños silencios entre las explosiones. El cerebro se quema en proporción a los cohetes que haces explotar, al igual que la inteligencia y el razonamiento. He notado que algunos de los que celebran con pirotecnia tienen mascotas o animales y sufren con cada explosión, entran en crisis. Si tienes mascotas, al menos debes aprender a cuidarlas y respetar el espacio que era suyo antes de que tú llegaras. Cuídalas y mantenlas en un lugar seguro en el que no puedan lastimarse si comienzan a saltar o a golpear objetos cuando los fuegos artificiales comiencen.

Y nadie entenderá hasta el momento de que ocurra un accidente, o de verdad ya no se pueda salir al día siguiente por la contaminación acumulada en el ambiente. La diversión tiene muchas variantes que requieren algo de imaginación para llevarse a cabo siendo saludables y responsables; Con tantos cerebros y bolsillos quemados el trabajo tardará un poco.

cdmx




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