Decisiones – La Casa de Asterión

-¿Acaso no te parece triste? –dijo Fernando mientras se acomodaba aquellos risos que siempre saltaban sobre su frente-

-¿Por qué podría resultar así? –respondió Ángela sin dejar de ver el pizarrón lleno de toda clase de ecuaciones-. Se encogió de hombros y volteó para ver a aquel escuálido hombre fundado en su bata blanca; en su segunda piel, con sus ojeras y sus dorados cabellos, desahuciado, sin motivos, todo un retrato romántico.

 

Por Eduardo Ángeles

-¿Cuán frágil es el futuro? ¿No te das cuenta? –dijo Fernando-. No hay futuro, sólo decisiones; no hay un legado verdadero, no hay nada más allá que nuestra propia existencia y nuestro propio tiempo… nada.

Ángela un poco asombrada por lo que el doctor le dijo miró hacia lo que parecía ser una piscina, pequeña, donde no cabría más de un hombre, sostenida en el aire por cientos de circuitos que hacían posible toda esta discusión y muchas otras más.

-Sólo imagínese –continuó Fernando- dando un chapuzón en esa cosa y podrá cambiar el hecho de que hablemos en este momento, Hitler conquistando Rusia, Kennedy a salvo, Hiroshima y Nagasaki intactas, el hombre pisando la luna como un hecho verdadero… doctora, las posibilidades son infinitas como estrellas en el cosmos, sólo tiene que decidir… cambios por cada decisión, miles de futuros y ninguno de ellos, bastaría con un soplido para cambiar el rumbo de cualquier cosa, las decisiones nos van guiando… ¿a dónde? No lo sabemos, pero seguramente estaremos ahí para remediar cualquier inconveniente…

Claramente la doctora estaba impresionada por lo que aquel hombre le acaba de decir, sabía en qué había estado trabajando todo este tiempo, pero no conocía los alcances…

-Me estremezco por la forma en que dice las cosas –dijo Ángela-, pero no es la razón por la que he venido aquí, usted… su trabajo está terminado, puede ir a casa, olvidarse del desastre y dejar la dinamita a la gente que sepa manejarla, nunca hubo una verdadera razón por la que este lidiando con esto.

La piel de aquel hombre parecía flotar, melancólica, fantasmal, blanca como siempre… ya cansada y desgastada la dejó sobre el perchero, jaló una silla y se sentó, en medio, con el silencio y la armonía producida por las alarmas de seguridad en el laboratorio, parpadeantes…

-Moriré de una forma u otra –murmulló al fin-, en un tiempo u otro, por una mano u otra, pero las decisiones… las decisiones no pueden cambiar, ellas se quedan, nosotros pagamos su bravura, ingenuidad o indiferencia… No vivimos del todo, no un hombre capaz de tal atrocidad… pero mi muerte no es por la que has venido a debatir, Ángela, yo ya la tengo asegurada… la creación parece haber matado al amo, pero él se levanta…

La doctora palidecía conforme se decían las palabras, creyó entender, creyó poder ir a su entierro, si hubiera uno.

-¿Y qué puedo hacer yo, doctor? –dijo Ángela-. El mundo nos ha arrastrado, incontables veces no ha hecho ver que no somos para él, que nos odia, nos quiere fuera, lejos, muertos… Esta máquina, por lo que ha trabajado ¿para qué cree que funciona? No hay bondad en el mundo, sólo carencias… provenientes de los seres que dijeron naturaleza siendo antinaturales. Nunca hemos pertenecido aquí…

-Perdóname, Ángela –dijo Fernando agotado-, no puede quedar nadie en este infierno…

El contador se puso en 60 segundos y el tintineo de las alarmas se mezcló con el detonador…

Todo este lugar, toda esta gente –continuó-, nadie lo merece, ellos ya hicieron sus decisiones, quedarse aquí, trabajar día a día, atiborrar a los insaciables… no hay remedio.

Para cuando Ángela intentaba salir el edificio colapsaba, las llamas se elevaban en lo alto del cielo, arremolinando las nubes, iluminándolas. Las alarmas, las cámaras, los niños, las mujeres, los ancianos, las familias… observando aquella fogata, abandonados, orquestando aquel caos en aquel mundo al que estaban atados, malditos… ¿y todo por qué? Porque es su decisión.

 

Decisiones - La Casa de Asterión



La Guía Definitiva de la Ciudad de México


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