Desfigurado – La Casa de Asterión

Por Fernando Vixtha / @FerVixtha / fernandovixtha@capitalinoerrante.com


Estas últimas noches ha sido lo mismo. En la madrugada mi madre escucha que alguien prende la luz de la cocina y me despierta para que vaya por mi hermano. El piso está frío. Me tallo los ojos. Bostezo.

—Dice mi mamá que ya vayas a dormir.

—Pero ya estoy dormido —Luis contesta susurrando.

—¿Y qué haces ahí sentado?

—Estoy jugando a las escondidillas —Mi hermanito se tapa los ojos con las manos y pone sus pies arriba de una silla. Todo su cuerpo se hace una bola.

—Un dos tres por Luis que está en la cocina. Ya te gané. Vamos a dormir.

—Pero estoy en el baño —Una voz parecida a la de mi hermano sale detrás de mí.

—¡Escóndete! Escóndete —Luis me grita y ríe como si de verdad estuviera jugando. Yo corro y me meto debajo de la mesa. Trato de no hacer ruido pero oigo el latido de mi corazón más fuerte que nunca. Escucho que alguien abre la puerta del baño y corre hacia las escaleras.

«Te voy a encontrar. Te voy a encontrar». Oigo la voz de Luis y sus pasos subiendo las escaleras de dos en dos. Pero mi hermano está en la silla. No entiendo nada. Mis ojos se llenan de lágrimas pero no quiero llorar.

Después de un rato parece que quien subió las escaleras ya no bajará. Salgo de mi escondite, siento mi playera mojada por el sudor. Veo a mi hermanito, está dormido, lo cargo y lo llevo a su cama. No tengo sueño pero aprieto los ojos para no pensar.

No sé en qué momento me quedé dormido, ni siquiera recuerdo lo que soñé. En la cocina está mi madre y mi hermano. Me siento a desayunar con ellos.

—¿Qué soñaste hoy Luis?

—Soñé que quería alcanzar una estrella, subía las escaleras y daba brincos pero no la tocaba. Entonces me caía y me golpeaba contra el piso, pero no sentía dolor.

Me desperté temblando. En mi sueño alguien intentaba meterse a mi casa. Rompía las ventanas mientras mi mamá y Luis habían ido al mercado. Yo salí y le grité que se fuera. El señor era delgado, con barba, tenía una cicatriz en la cara. No decía nada y parecía que buscaba algo. Se asomó debajo de la mesa y luego fue para el baño. No sé cómo logré que saliera, pero una vez en la calle me comenzó a golpear hasta que me quedé tirado en el pavimento. Se acerco y me dijo: «muerde la banqueta». No quería hacerlo pero me siguió pegando, yo no paraba de llorar. Lo obedecí. Mordí la orilla de la banqueta, sentía la tierra en mis labios y apretaba el cemento con mis dientes. Entonces el hombre me pateo la cabeza. La boca me comenzó a sangrar y varios dientes se me rompieron. Ni siquiera podía gritar. Me desperté y noté mis pantalones y mi cobija mojados.

Me cambio la ropa y sacó sábanas limpias para volver a dormir. Escucho que alguien prende la luz de la cocina. Mi hermano y mi madre están dormidos en sus camas. Me pongo mis tennis y voy a la cocina. Parece que no hay nadie pero el foco está encendido Me sirvo un vaso con agua y mientras me lo tomo observo a mi alrededor. Escucho un murmullo debajo de la mesa. No sé qué hacer. Tengo ganas de ir al baño. Otra vez los ojos se me llenan de lágrimas. Con una mano temblorosa levanto el mantel y me agacho para observar. Soy yo. Sin querer suelto un grito. Corro al cuarto y despierto a mi mamá.

¡Hay alguien abajo de la mesa mamá! Se parece a mí. ¡Qué hacemos! Tiene mi cara y mi cuerpo pero está chimuelo. Está sangrando de la boca.

Mi madre y mi hermano se levantan y van a la cocina. Pinche loco Armando, ve, no hay nada. Pero ahí estaba, lo juro. Se retorcía y parecía que quería gritar.

—¡Ahí está! —Mi hermano sube las escaleras corriendo y yo lo sigo. Es cierto, ahí está esa cosa que se parece a mí. Tiene mis ojos y mis manos, está usando la misma ropa que yo. Su boca no deja de sangrar, tiene moretones en la piel y su nariz está chueca. Siento náuseas. Mi hermano se acerca al sujeto y éste lo carga. Intento acercarme pero el hombre se tira por la azotea.



La Guía Definitiva de la Ciudad de México


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