Despertar – La Casa de Asterión

Fernando Vixtha

Juan viaja en metro para llegar a clases. Casi nunca encuentra un asiento disponible y cuando lo encuentra siempre le pasa lo mismo: tiene que cederlo. “Esa señora podría ser mi mamá; esa viejita podría ser mi abuelita; esa adolescente embarazada podría ser mi hermana”.

 Sale del metro y siempre le da todo su cambio al cojo que sostiene un vaso en la entrada de la estación. “Ese podría ser yo si no me cuido, ojalá Dios no lo quiera”.

Juan se conecta a Facebook y le da like a todas las fotos de los niños de África. En diciembre dona todos sus domingos al Teletón. “No te burles, ese podría ser tu hijo”. Juan recuerda el regaño de su madre cuando él dijo que esos niños hablaban como mensos, que mejor le pusiera a las caricaturas.

Juan no entiende por qué su papá siempre está borracho, pero “él no es nadie para juzgarlo”.

En su clase de biología le pidieron que hablara con sus padres sobre sexo. “¡Que la boca se te haga chicharrón escuincle! Deja de pensar en cosas del diablo y ponte a estudiar”. Juan no sabe qué tiene de malo, pero siente que algo le aprieta la garganta. Juan llora.

“¡Juan! ¡Juan! ¡Despierta!”. Él se levanta agitado, voltea a ver a su esposa y luego observa su cabecera, nota que no hay ningún crucifijo y se tranquiliza al saber que ya no tiene quince años.

 

 



La Guía Definitiva de la Ciudad de México


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