Efecto Juan Gabriel

Juan Gabriel

 

Juan Gabriel fue, es y será un ícono de la música mexicana. Todo el tiempo acompañado de su mariachi. En algún lugar, todos escuchamos una estrofa o un coro de alguna canción suya, aunque ni siquiera la cantara él mismo. Probablemente, su nombre y su persona o personaje es mejor conocido que su obra, pues como le sucede a todo artista, lo que sea que eso represente, escasas son las creaciones que trascienden en la conciencia colectiva, y por lo mismo, representante de la cultura mexicana aunque viviera en California, lugar donde la muerte lo fue a buscar.

Estandarte también de la cultura gay; recordemos aquello de “lo que se ve no se pregunta”. A muchos, seguramente, en reflexiones profundas, les habrá enseñado que no es necesario gritar a los cuatro vientos su preferencia sexual, sino que lo importante es conocer y estar orgulloso de la identidad que representa.

Muchos son los fans de Alberto Aguilera Valadez, verdadero nombre del Divo de Juárez; yo supongo que tiene más fans que hoy son cuarentones o cincuentones. Difícil que una persona de treinta sea fan recalcitrante de Juanga, mucho más difícil uno de veinte, si sí, herencia de sus padres o abuelos o nacieron viejitos, cosa que no tiene nada de malo o simple gusto propio.

Un amigo pregunta por qué las canciones de dolor te hacen llorar. Él mismo responde que es por el grado de identificación que la música y la lírica tiene con quien la escucha. Tan doloroso es que alguien a quien no conoces, pero que marcó tu existencia, muera. Es tan desgarrador y triste que debemos ir a cantarle a la estatua de Juan Gabriel como forma de homenaje pues ha dejado un gran legado y porque no tenemos nada mejor qué hacer.

Las señoras cincuentonas lloran a borbotones. A los señores se les hace un nudo en la garganta. Los millenials aprovechan para demostrar su secreto fanatismo a la música vernácula mexicana. Cada que alguna figura pública fallece, su olvido se vuelve recuerdo y trending topic por una o dos semanas y vuelve al baúl hasta que lo volvemos a desempolvar. Amigos, por favor, no se olviden de mí y recuérdenme todos los días de su vida. Yo sé que no es imposible.

 

**Las opiniones aquí vertidas son responsabilidad del autor y no son necesariamente compartidas por Capitalino Errante**

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(Ciudad de México, 1993) Estudió Ciencias de la Comunicación. Cursó el Diplomado de Creación Literaria en el Centro Horizontal. Ha colaborado en distintas publicaciones como Prólogo, Palabrerías, A Buen Puerto, Punkroutine. Operación Marte, Revés Online, La Rabia del Axolotl, Liberoamérica y Tierra Adentro.


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