El abismo te devuelve la mirada – La Casa de Asterión

Hubiera sido un día normal para Marco si no hubiera despertado media hora antes y con la noticia de su soledad, inmundicia y abandono por cualquier sentimiento y esperanza terrenal.

 

Por Eduardo Ángeles

 

Minutos después caminaba solitario en la calle que desaparecía por la neblina matutina ¿a dónde caminaba? ¿Por qué caminaba? Ni él lo sabía, pero el rezago de los días pasados habían acabado con su paciencia, su amor y sus ilusiones. Se sentía defraudado, golpeado por la vida y la realidad, la música le ocasionaba escalofríos y miles de citas de sus libros favoritos recorrían su cabeza reafirmándole lo dura que es la vida y sobre todo el enamoramiento.

Las últimas semanas habían sido grandes en su vida, no exageradamente pero lo suficiente, y es que ahora se había dado cuenta de qué cosa extraña es el estar con alguien, o el simple hecho de querer algo. Había pasado su vida despreocupado por bastante tiempo, el tiempo le daba algunas cosas y quitaba otras tantas, nada importaba mucho, los mismos placeres de siempre, hermosos pero ya cotidianos. Se quieren las cosas pero cuando se dan por logradas se les abandona, como si el hecho de conseguirlas nos diera alguna clase de mérito intangible, fantasmal, que provocara el miedo o desprecio hacia eso anhelado; se les aparta y se les olvida, pero en este caso no, Marco no lo despreció, lo abrazó, y lo veía… la veía, la admiraba y la escuchaba. La quería.

Lástima por aquel hombre que camina solitario sin dejar pasos a sus espaldas, adentrándose en la neblina de lo que conoce mejor, de lo horrible y lo lastimoso, de la desilusión… de lo que defrauda… Es triste pero él sabe que es lo mejor, arrastra el corazón ya vació por saberse querido hace unos días y despertar mortal, terrenal, huérfano. Sigue caminando… sin remedio, sigue caminando…

El abismo te devuelve la mirada

René Magritte – Pandora’s Box (La boite a Pandore), 1951.

 

La vida es muy aburrida como para saber lo qué quiero, pienso que la vida se sustenta en su mayoría por las decisiones imprevistas, por los impulsos, por los atrevimientos, o por la ignorancia de no saber por dónde se camina y por qué… pero si conozco cada cosa que haré en un futuro ¿qué de nuevo conoceré? ¿Qué podrá sorprenderme? ¿No veré las cosas por primera vez?

La chica frente a sus ojos asintió levemente la cabeza sin dejar de mirarlo. Marco se sentía cansado pero ligero, se sentía con ganas de seguir caminando, o flotando… se frotó los ojos y apoyó su cara sobre sus palmas, todo esto al final le daba risa ¿qué tanto valor tienen las acciones e ideales de las personas? A él no le importaba mucho lo que la gente pensara, sólo aquella chica frente a él y reducidos amigos, aún así se sentía pleno, le gustaba creer lo que él pensaba, le gustaba ser quien era aunque ni él lo supiera, y es que eso era parte, no saber tantas cosas, preocuparse algunas veces y no darles importancia otras…

Después de un rato la chica a la que miraba de frente se le ocurrió reafirmar con su experiencia lo contado por Marco, y él no pudo sentirse más que como un bicho raro, ella se retiró por alguna situación pendiente y se quedó solo, mirando a la gente pasar, adentrándose en sí mismo, sabiendo que era el lugar correcto, que cualquier cosa que tuviera que ver con el resto del mundo no pasaría si no lo hacía desde dentro, que se sentía no tan mal, que la soledad tal vez había sido definida para él. Vaya ironía.

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