El falso nuevo año

Año Nuevo falso

Foto: uan.edu.mx

 

Las doce campanadas de los 12 deseos no sonaron ni en Televisa ni en TV Azteca, al menos yo no las escuché y tampoco vi a la plantilla de actores mamadillos enunciar los valores de los libros de la SEP en cada sonido. Probablemente fue por esa ausencia que los primeros segundos del nuevo año los viví con desolación, desánimo, un poco de nostalgia y otro tanto de miedo. Enseguida comí la docena de uvas sin hueso sin seguir el ritmo del repiqueteo de las campanas y ahí caí en cuenta que mi angustia era saberme en el difícil porvenir del aumento de costos, reducción de salarios y la alta velocidad de la vida misma a la que le hace falta calma y reflexión.

Cada que está a punto de acabar el año me gusta pensar en la frase que dice que como se inicia algo, así se termina. Los primeros minutos del 2017 los pasé sentado en la taza del baño debido a una indigestión estomacal por intentar cumplir el absurdo reto del Guadalupe-Reyes. Es que los años no pasan en balde y aunque no soy nada viejo, el alcohol ya no es inocuo con mis intestinos en los largos días con resaca.

El nuevo año no significa más que ir a nuestra pollería preferida por nuestro nuevo calendario para seguir contando los días que nos restan por vivir, porque al siguiente la rutina continúa: hay que ir al centro de estudios o al trabajo, a cualquier lugar donde uno haya decidido resignarse a estar un tiempo más o seguir en casa desempleado desempolvando los muebles que cargan nuestros desechos epidérmicos. El Año Nuevo no es una renovación, sino la sucesión de nuestros días.

Amanecemos el primer día de enero como cualquier otro: sin poder resolver nuestros problemas, casposos, ojerosos, malolientes. Nuestro gobierno nos recibe esa misma mañana con un nuevo gasolinazo, como si eso no hubiera pasado durante todo el año, incluso cosas peores sucedieron. Pero es la ilusión del falso cambio de ciclo al que estamos programados lo que nos hace despertar momentáneamente para volver al letargo los meses que le restan al año. Y volver a empezar el siguiente enero de la misma forma como deberíamos ser en junio o noviembre.

Intentemos crear nuestra propia habitación en mundo inhabitable lo que resta del año y sigamos contando los días para saber qué números poner en nuestra lápida con el objetivo de que nuestros familiares nos recuerden, si acaso lo hacen, aunque luego de un tiempo, sólo los bichos nos visiten.

 

**Las opiniones aquí vertidas son responsabilidad del autor y no son necesariamente compartidas por Capitalino Errante**

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(Ciudad de México, 1993) Estudió Ciencias de la Comunicación. Cursó el Diplomado de Creación Literaria en el Centro Horizontal. Ha colaborado en distintas publicaciones como Prólogo, Palabrerías, A Buen Puerto, Punkroutine. Operación Marte, Revés Online, La Rabia del Axolotl, Liberoamérica y Tierra Adentro.


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