El Placer es Mío. Crítica

Mateo y Rita deciden irse al campo para vivir de su huerto y lo que les provea una familia de gallinas. Pasa el tiempo, y conforme los problemas surgen, nos vemos inmersos en las tensiones más íntimas de una relación en pareja: las inseguridades, miedos, obsesiones e impulsos alimentados por la incapacidad de ambos por establecer una conexión real y desinteresada.

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Rita (Flor Edwarda Gurrola) tiene un deseo aparente: ser madre. Mateo (Fausto Alzati) tiene el suyo: arreglar el coche arrumbado en la casa de campo de su familia. Estos propósitos, tan claros y simples, no podrán ser llevados a cabo por una sencilla razón: estas dos personas están desesperadas por separarse el uno del otro.

Ambos han hecho de su relación una jaula (así pueden llegar a sentirse las relaciones) cimentada por sus propios defectos, pero reforzada por ideales irreales y expectativas que ninguno podrá cumplir. Es ante estos topes que encuentras una sola posible solución: la violencia y el sexo.

Poco a poco este comportamiento los va llevando hacia la aversión mutua, sin que por ello los celos disminuyan. Entonces entendemos la repulsión que sienten a los invasores, en específico a sus familias. Aquí es donde entran en juego la Prima de Mateo (Camila Sodi), la Mamá (Tina Romero) y Abuela de Rita.Ellas irrumpen en el frágil ambiente en el que la pareja coexiste, para llevarles al violento clímax, el único con el que pudiesen liberarse de su prisión-relación.

Elisa Miller nos avienta las complicaciones que surgen de las relaciones en pareja, tanto en la intimidad como ante otros, y lo difícil que puede llegar a ser poner en palabras el dolor que dos personas pueden sentir aún cuando están con alguien a quien “aman” (o más bien, en especial cuando se está con alguien a quien se “ama”).



Escritor, estudiante de comunicación. Fan de la vida, los libros, la música y un buen café.


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