El retorno del emperador Cuauhtémoc-Coberturas

 Eder Bayuelo / Instagram @ederbay / Twitter @eder_bay / ederbayuelo@capitalinoerrante.com

29 de mayo de 2005. Cuauhtémoc Blanco levanta la copa que confirma que ha ganado su primer y único título con la playera del club que lo vio nacer y crecer: el América.

24 de enero de 2015. Casi 10 años después, el mismo futbolista encorvado y con calva prematura entra al campo. Es el minuto 80. Los flashes se encienden en la tribuna y todo el estadio corea su nombre.

10942844_10204902683758476_644787619_nEsta ocasión no viste la playera águila, hoy trae la del Puebla. Tiene 42 años, un contrato hasta abril y una precandidatura por la alcaldía en Cuernavaca en puerta.

Pisa el pasto, corre diez pasos y se detiene. Le dan el balón y muestra la categoría al primer pase. Se tira al suelo y reclama la falta. Mienta la madre del árbitro y busca el penal. Hace un sprint, pero mejor se detiene a la mitad del camino. Cuauhtémoc siempre será Cuauhtémoc.

10942259_10204902670278139_1199948891_nDespués del partido los medios escuchan a su técnico, el Profe Cruz. De pronto se escuchan las llantas de su maleta y las cámaras giran 180 grados, los reporteros se empujan para conseguir las últimas declaraciones del Temo en ese túnel que tantas veces caminó y el estratega se retira resignado.

Agradece el apoyo de la afición, se queja de no haber jugado más tiempo, discute con un periodista y suda ante la luz insistente de la cámara. Acaba la entrevista y sigue su camino para desaparecer en el camión poblano.

Tenía que ser. El Estadio Azteca es el mejor testigo del retorno del Emperador Cuauhtémoc. Retorno y despedida de, quizás, el mejor jugador de la historia de México.



La Guía Definitiva de la Ciudad de México


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