El títere

Por Fernando Vixtha

No entiendo la necesidad de hacer estas tareas, si uno ya entendió el tema en clase, para qué seguir con lo mismo, piensas. El caso es que para la clase de español la profesora Gabriela te dejó llevar un títere y contar una historia. Y aquí estás, mientras esperas a que esté listo el engrudo, entre cartulina, pinturas, globos, papel de diferentes colores. Los maestros siempre te dicen que no vayas a la escuela sólo por la calificación, que vayas para aprender, pero dudas mucho aprender algo con esto. Lo hago porque las tareas valen más que el examen, y yo voy a la escuela por la calificación, como todos, te dices. Lo hago por no reprobar.

Le voy a poner el cabello de mi papá, tomas varios pedazos de papel negro y los peinas hacia atrás. Agarras dos bolitas de periódico y se las pegas en donde deben estar los ojos, cuando se secan los pintas de verde, se parecen a los de mi abuelita Carmen. Para los labios utilizas dos pedazos delgados de cartulina, mi mamá también los tiene delgados, los pintas de rosa para que resalten entre el color de la piel. Mezclas la pintura café con un poco de blanca y rellenas la cara, las piernas y las manos.

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Esperas a que se seque la pintura, tomas un vaso de refresco mientras ves al títere. Está quedando muy guapo ¿o guapa? Podría ponerle unas pestañas y pintarle de rojo los labios, al rato lo decido. Te acercas al muñeco y ves que te giña un ojo. No sientes miedo, de seguro fue mi imaginación. ¿Cómo lo voy a vestir?
Que lleve siempre un sombrero, como mi tío Juan. Recortas, doblas y pintas la cartulina, más que una persona importante parece un vaquero. Comienzas a reír y alcanzas a ver cómo el títere arruga la frente. Te quedas en silencio, no quieres que se enoje. Si se molesta el muñeco se molestarían tu papá, tu abuelita Carmen, tu mamá y tu tío Juan, no quieres que eso pase.

Le haces una corbata, le pones zapatos y una camisa. Parece que va a la iglesia, te aguantas la risa para no herirlo. Lo observas, ¿tiene cara de niño o de niña? ¿Qué eres?, le preguntas. Sus labios delgados comienzan a moverse, estira una mano y agarra de la mesa un frasco. Mete uno de sus dedos en la pintura roja y sobre un periódico escribe: Soy tú.

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No sabes qué hacer, te quedas viendo su rostro. Se mueve como si un palo le impidiera girar el cuello, cuando voltea a ver la sala mueve todo su cuerpo junto con su cabeza. Le quitas los labios y con las tijeras abres un hueco en su rostro, le pegas un cacho de cartulina roja y con cuadritos de unicel le haces unos dientes. El títere comienza a hablar, su voz en como la de un conductor de programas de noticias. Te acercas y le escupes en la boca, ahora tiene tu voz. Le pones rodillas y codos, con palitos de madera le haces una columna vertebral y ahora el muñeco puede jugar fútbol y bailar ballet.

Vas por tu uniforme de la escuela y se lo pones. Escuchas cómo el títere dice: No entiendo la necesidad de hacer estas tareas, si uno ya entendió el tema en clase, para qué seguir con lo mismo. Al oír esto una mueca extraña se dibuja en tu rostro, como cuando un padre se enorgullece de su hijo.

Despiertas y notas que tus manos están amarradas por hilos, no las puedes mover a menos que alguien te lo ordene. Volteas a ver el cuarto y cuando mueves la cabeza todo tu cuerpo se mueve como si en lugar de columna tuvieras un palo de escoba que no te permite encorvarte. El títere te guarda en tu mochila y tú no puedes llorar porque no tienes lagrimales. Tus labios están cosidos y sólo puedes emitir un leve gemido que nadie escucha.

Cuando te saca de la mochila escuchas a tus compañeros decir: Te quedó genial tu muñeco, ¿cómo lo hiciste? El títere comienza a hacerse amigo de las personas que nunca te cayeron bien, escucha atento las clases y responde las preguntas de todos los maestros. Al fin llega la clase de español. Confías en que la maestra Gabriela se dará cuenta de que él es un farsante. Se para frente a ti y te observa. “Muy bien”, le dice al títere que se hace pasar por ti. “Pero, ¿es hombre o mujer?”, pregunta. A lo que el títere contesta: “Es como yo”. Por fin eres un buen estudiante.



La Guía Definitiva de la Ciudad de México


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