Un fin sin futbol

Huelga de árbitros

Foto: Peru.com

 

Todos los fines de semana veo futbol mexicano. Lo extraño cuando se acaba la temporada o cuando son las olimpiadas. Benditos sean quienes calendarizan los eventos deportivos que ya no dejan espacio entre uno y otro. Siempre estoy atento a los mejores partidos de la jornada y al horario en que le toque perder a mi Cruz Azul. Hay veces que no soporto ver un partido entero y decido hacer otras cosas productivas como irme a beber con mis amigos. Este fin extrañé el futbol.

Los árbitros decidieron dejar de pitar, como La Máquina, esta prometedoramente entretenidísima Jornada 10 debido a que Pablo Aguilar, en su apellido la condena, jugador de las Águilas del América, agredió, por más que digan que no es cierto, el pasado 8 de marzo a un árbitro en un partido de la extraordinariamente interesante y bien jugada Copa MX.

Como una adicción, un encanto o un enamoramiento, no podía dejar de lado mi necesidad de Lavolpismo, Lapuentismo, Peraltismo, Cruzazulismo. Tenía que tener mi dosis de balón. Decidí jugar en aquellas canchas míticas llenas de hoyos, atrás de Cartolandia, cerca del Deportivo Francisco Zarco.

Explico, si tú no conoces Cartolandia: es un lugar mágico donde la gente no necesita de celulares, tablets o corbatas, tampoco carros ni un empleo de ocho horas, es un lugar donde la imaginación vuela y la pestilencia se expande, un fantástico lugar donde la gente sólo necesita comer y nada más, porque es feliz con sus pequeñas casitas hechas de cartón que expulsan pompas de jabón por la chimenea y tienen como estufa una fogata comunitaria; pero eso sí, nunca te metas por la noche, porque como ropero que te lleva Narnia, éste portal de fantasía te transportará en plástico oscuro al Río de los Remedios; una auténtica utopía.

Regreso al relato. Un maldito pelón como de dieciocho años, moreno, con playera de México, el Cuauhtémoc Blanco nacido del carbón, me metió una patadota que hizo tronar mi espinillera. Me tiré enseguida en el área sin usar mi tarjeta de la ANDA, como en otras ocasiones. Sin poderme levantar, le exigí al árbitro que le sacara tarjeta roja. Sólo sonrió. Me levanté como pude y cobré magistralmente el penal que me correspondía tirar. No hace falta decir que anoté gol. No es raro en mí.

Terminó el partido. Al intentar salir del campo no tuve más remedio que cojear al sentir la perturbación del golpe en toda mi extremidad; la hinchazón en mi espinilla, no la que me había tronado el balón con un frentazo que le di, sino la de mi pierna más hábil, la natural, pues con ambas tengo un toque excelso de balón; el dolor de tobillo y la fragilidad de una rodilla desgastada por tantos años jugando al apoyar mi pie sobre el piso para dar un paso. Así de jodido salí.

Llegué a casa e hice las curaciones de rigor. Contaba los minutos en espera que mi lesión sanara, probando contra el piso la ilusoria mejoría que anhelaba. En la televisión no había futbol. Me conformé con Youtube y los videos de Mario Bautista. Al mismo tiempo pensaba en la protesta de los árbitros profesionales que exigían un trato justo, aunque se revuelquen muchas veces en su propia hipocresía; reflexionaba también en lo falso y lo corrupto que es el futbol mexicano con sus dueños que con una llamada a sus empleados, los encargados y responsables del buen funcionamiento de la Liga Mexicana, logran cancelar o reducir cualquier sanción que no les parezca en favor de sus negocios; recordaba a esos dueños del futbol que también son dueños del país y lo manejan de la misma manera que a sus clubes; cavilaba sobre los jugadores, caricatura y reflejo de nosotros mismos, incapaces de defenderse contra su patrón; volvían a mi mente los árbitros musculosos, valientes que pronto pagarán por su rebeldía encausada como muchos de los caudillos que hoy confundimos con Juan Escutia o con cualquier personaje que sale en las revistas de sociales.

Una vez más, el futbol como parodia de la vida. El engaño hacia uno mismo, el deseo que nunca llegará de que todo mejore como esguince el mismo día de su lesión. Y yo viendo a Mario Bautista en lugar de futbol o las noticias sobre el país. Al final, todo es la misma mierda.

 

**Las opiniones aquí vertidas son responsabilidad del autor y no son necesariamente compartidas por Capitalino Errante**

Sígueme en Twitter: @mauricioneblina



(Ciudad de México, 1993) Estudió Ciencias de la Comunicación. Cursó el Diplomado de Creación Literaria en el Centro Horizontal. Ha colaborado en distintas publicaciones como Prólogo, Palabrerías, A Buen Puerto, Punkroutine. Operación Marte, Revés Online, La Rabia del Axolotl, Liberoamérica y Tierra Adentro.


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