Gritos de concreto – ¡Asústame panteón!

Julio Ramírez / @10julio_rami / julioramirez@capitalinoerrante

El otro día sorpresivamente me encontré en la casa de mis abuelos, y platicaba con la voz más autoritaria que he escuchado en toda mi vida. “¿En qué estás trabajando, hijo?”, preguntó con voz alzada y gesto fruncido. Respondí que sólo escribo y cubro alguno que otro evento para páginas de internet –él no tenía la menor idea de lo que es internet-. “Debes de trabajar en algo que te deje, estudia medicina o para licenciado”, me dijo con gran seguridad y, sin querer me dio una historia que contar.

“Sabes que yo vengo de Taranda –Guanajuato-, y mi primer trabajo fue de campesino, mi padre tenía granjas con animales y yo los cuidaba, después me vine para acá, para la capital con tu –mi abuelita-. ¿Sabes? El primer trabajo que tuve aquí fue en las construcciones del Metro, me tocó trabajar en la línea 3 allá por el ’68, cuando mataron a los chavillos y estaban las olmpiadas…” comenzó a platicar.

Me intrigó saber de qué iba su trabajo en aquellos años. “Trabajaba diario y me tenía que quedar en la constructora porque no había dinero, aún no nos pagaban pero sucedió algo que a nadie le he contado, pon mucha atención, hijo”, exclamó.

El manto de la noche cubría la jardinera donde estábamos posados, el frío comenzó a hacer de las suyas y no salió nadie que nos pudiera interrumpir, hasta parecía que el tiempo era cómplice del misterio que estaba a punto de escuchar.

“Había muchos trabajadores que venían de Guanajuato, Querétaro, Puebla, Michoacán, Aguascalientes mmmm… ya no recuerdo de dónde más pero todos eran como yo, sin papeles, sin familia que radicaran aquí, sin dinero y sin casa propia pero hacíamos todo lo posible por salir adelante”, platicó con sentimiento. Yo simplemente observaba su cara cansada, su cuerpo de roble que ha resistido durante muchos años los embates de la vida y escuchaba con atención lo que me platicaba.

Me habló de lo ocurrido por las estaciones de Hidalgo, Juárez y Guerrero. “Compartí momentos chingones con mis amigos de la constructora, pero llegó ese maldito día, sí era el ’68. Yo salí de los túneles porque iba a hablar con el Jefe. La mezcladora estaba echando el cemento para que los túneles quedaran listos pero, se escucharon muchos gritos que pedían ayuda. Fui a ver qué estaba pasando y vi a mis compañeros que estaban atrapados con cemento fresco sobre ellos, como si fuera un pantano y todos gritaban”.

¿Cómo pudo ser eso posible?, la verdad que no lo creía pero siguió contando. “Corrí y grité para que detuvieran las mezcladoras pero nadie hacía caso mientras que los demás seguían pidiendo ayuda. Vi como morían atrapados en los muros de esas estaciones, en esa línea. Llegó el jefe y me dijo que no dijera nada que iba a tener muchas pérdidas de dinero y de material si intentábamos salvar a aquellas personas. El muy cabrón dio la orden de seguir con los trabajos hasta que ya no escuché ningún grito, nada de nada.”, recordó.

“Los demás compañeros y yo estábamos incrédulos y sólo esperamos el día de paga para irnos de ese lugar. ¿Para qué chingados me quedaba?. Luego por las noches, aún se escuchaban llantos y gritos dentro del concreto, tal vez era mi imaginación o era verdadero”, finalizó.

Quedé anonadado, la verdad que se me hace imposible creerle, pero lo contó con tales detalles, seguridad, sentimiento que me convenció totalmente.

Mi abuelo se levantó de su silla y me invitó a pasar a la cocina pero, las manecillas del reloj marcaban las altas horas de la noche y me tuve que regresar a mi casa. Le di un beso y me despedí de mis familiares que aquella noche estaban reunidos.

Imagínense, Escuchar los lamentos de tus compañeros pidiendo ayuda y no poder hacer nada. Estar de viaje en la línea tres y de pronto pasar por Hidalgo, Guerrero, Juárez cuando no hay mucha gente, tal vez en la noche, en los últimos viajes de la limousine naranja y oír gritos, llantos y clemencias por conseguir ayuda o simplemente para demostrar que aún siguen esperando regresar a sus casas.

¿Estarán muertos?, ¡qué pregunta!, pero tal vez algunos sobrevivieron y siguen encerrados viviendo entre los muros del metro, ya sé, es muy fumado eso pero, qué tal si algún día escuchas voces pidiendo ayuda y no sepas de dónde provengan, quizás y sólo quizás, los trabajadores estén esperando ser descubiertos, tener un lugar donde dormir bien, chance los escuches y los puedas ayudar antes de que las puertas del colectivo se cierren o la luz se termine cuando entres a los túneles. Todo puede pasar.

También puede ser que mi abuelito deliró y me contó eso para tener algo de qué hablar pero, no creo que una persona de 75 años diga mentiras y llore nada más para llamar mi atención. Yo, lo dejo a tu criterio.

Ya saben, alguna recomendación, comentario, observación, lo pueden hacer aquí en el texto o a mis redes sociales: Twitter @10julio_rami y Facebook Julio Ramírez. Si les gustó, compartan y sigan leyéndome, se los recompensaré algún día.



La Guía Definitiva de la Ciudad de México


Déjanos un comentario