Irracional – La Casa de Asterión

Por Fernando Vixtha / @FernandoVixtha


 

Entramos y era evidente mi emoción: no dejaba de mover la cola. Con mi lengua de gatita comencé a lamer tu cara, tu cuello de jirafa. Pasé mis dedos por tu pelaje y cambiaste de piel, de color. Serpenteaste por mi cuerpo y no pude evitar ronronear con tus caricias. Frotabas mis ubres mientras yo encajaba mis uñas en tu espalda. Soltaste un aullido.

SexoJuegoMe rodeaste con un tentáculo y con fuerza de toro me diste la vuelta. Lo hicimos como perros. Imaginé que me partías en dos con tu miembro de caballo embistiéndome. Sentí todo tu cuerpo sobre mí, me agarraste de las alas y varias plumas se me desprendieron. Quise cacarear, mugir, ladrar, gruñir, retorcerme como gusano, todo al mismo tiempo. “¿Te gusta perra?”, relinchaste. Y entonces me atreví: “Métemelo por atrás, oink, oink”. Tus ojos de búho se abrieron más. Con tu trompa humedeciste mi ano y cuando te enterraste en mí me pusiste la piel de gallina. Rugiste como león. Me cabalgaste, me sometiste. El dolor era intenso pero el placer era mayor. Tus tenazas apretaron mi piel y me excité más. “Así, así. Soy tu animal en celo”, rebuznaba.

No sé cuánto duramos así: tú, envuelto en mi telaraña; y yo, con tu aguijón dentro de mí.

Perdí el control de mi cuerpo; mis antenas no me respondían y no pude volar. Me escondí en mi caparazón y un momento después gemí mi canto de sirena. Nadie antes lo había escuchado. Soltaste un graznido y terminamos juntos. Dejaste todo mi cuerpo pegajoso con tu baba de caracol. Gracias a mis ventosas me adherí a ti y nos quedamos dormidos en el mismo corral.orgasmo-femenino



La Guía Definitiva de la Ciudad de México


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