La vida de un nini

Werever

Foto: debate.com.mx

 

Padezco tiempos difíciles, entrecomillo difíciles, pero tengo tanto tiempo muerto que he vagado en las profundidades del Yutub y en menor medida de la celestial Güikipedia. Me aplasto en mi enorme cama con la computadora sobre las piernas, mi cabeza se contrae tanto por capturar con los ojos el mejor reflejo de la luz de la pantalla que escribo lo que sea que son estas letras con el cuello adolorido. Acomodo una y otra vez mis libros para que encima queden los que no he leído, o mejor que queden abajo, o en medio. Conecto mis viejas consolas de videojuegos para recuperar el tiempo que nunca volverá que no jugué en su momento. Tengo unas inmensas ganas de salir a fumar en una tarde como la de hoy donde el sol brilla como si fuera diciembre, pero me acurruco a escuchar un podcast que habla sobre la antigua afición que ha regresado a mi cerebro y para la que soy muy malo. He terminado mis proyectos, aquellos que prometí hacer en tres meses y que me tardé casi dos años. Estoy en espera del siguiente paso sin siquiera saber cuál será, lo que me provoca pereza y alcoholismo que no puedo consentir.  Miro videos de gente que habla sobre videojuegos y de mujeres que enseñan las nalgas con el pretexto de jugarlos. Limpio el polvo de mis muebles obsesivamente una y otra vez para descubrir que por la mañana alguien los vuelve a ensuciar. Pienso en mi texto de lunes sin acertar, pues la historia está en la calle más que en mi cuarto. La televisión es vampira de su estancia. Las mañanas no existen para mí, mi tiempo es redituable a partir de las dos de la tarde. Y tomo café en el comedor en silencio. Me baño. Y enciendo la computadora. Sólo para ver programas de chismes deportivos, la televisión se levanta de su sarcófago. Por eso mismo, no veo a los yutuberos de moda. ¿Qué diferencia existe en ver a Andrea Legarreta o a Yuya; a Facundo o a DebRyan; Adal Ramones o Werevertumorro? En mi mente, en la tinta de mis plumas y en mi cuaderno deambula el fantasma, fragmentado en notas, de una novela. De alguna forma siento que eso me rescata de mi inservibilidad. El mundo allá fuera se corrompe, así como la colectividad, y yo pienso que mi futuro está en lo individual, trampa para elefantes y a mí me sobra espacio en talla chica. Veo películas en internet porque detesto las de moda que vende mi amigo que quería ser futbolista en la esquina. Luis González de Alba se suicida; 2 de Octubre no se olvida, excepto en domingo y después de Roger Waters; Roger Water lee unas palabras a Peña Nieto; crecen los feminicidios en el Estado de México; Necaxa vuelve a ganar y mis ads de Super Mario Bros. Leo noticias a diario, la conciencia política no es la misma que la civil; se esfuman mis horas limpiando polvo y viendo videos. Y a veces, es mejor quedarse callado.

 

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**Las opiniones aquí vertidas son responsabilidad del autor y no son necesariamente compartidas por Capitalino Errante**

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(Ciudad de México, 1993) Estudió Ciencias de la Comunicación. Cursó el Diplomado de Creación Literaria en el Centro Horizontal. Ha colaborado en distintas publicaciones como Prólogo, Palabrerías, A Buen Puerto, Punkroutine. Operación Marte, Revés Online, La Rabia del Axolotl, Liberoamérica y Tierra Adentro.


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