#LadyPlaqueta y los enanos sexuales

Acoso callejero

Foto: eslamoda.com

 

A estas alturas la historia está contada y recontada. Si no sabes de quién hablo deberías de ver menos memes y videos de la risa en vacaciones versión millenial e interesarte más en el debate público. De cualquier manera resumo lo acontecido para dar introducción a este texto:

Tamara de Anda, conocida como Plaqueta en Twitter, es una periodista, bloguera e influencer. El pasado miércoles un taxista le gritó “guapa” mientras caminaba en la calle. Ella decidió proceder ante el Juzgado Cívico de Buenavista. Protegida por la Ley de Cultura Cívica, la autoridad decidió multar al taxista por falta administrativa: acoso verbal en el espacio público. Sin embargo, por razones que se desconocen, el taxista no pagó la multa y tuvo que pasar la noche en el Torito. Tamara de Anda narró lo acontecido por Periscope y las reacciones negativas de una sociedad acostumbrada al acoso no se hicieron esperar.

En otro espacio sugería, para comenzar a erradicar el acoso callejero, entregar, luego del acto, una tarjetita al acosador que dijera «¿Qué harías si lo que acabas de hacer se lo hicieran a tu pareja, hermana o madre? No al acoso sexual», una protesta silenciosa, pero que podría llegar a la conciencia del perturbador del orden público.

 

Acoso Callejero

Foto: soscurioso.com

 

Ahora dudo de que eso sea funcional porque me pongo a pensar quiénes son los acosadores, por qué lo hacen. Me parece que son, en su mayoría hombres, personas frustradas sexualmente, entes retraídos incapaces de acercarse a conversar con una mujer, seres que eyacularían al ver la mirada de mujer que los desprecia, gente malcogida, falsos machos, cobardes inseguros de sí mismos que la única manera de envalentonarse y tener acercamiento a lo sexual es por medio del acoso. Entonces me pongo a pensar: ¿quiénes son los verdaderos maricas?

Recuerdo el capítulo de South Park cuando la gente se harta de los motociclistas y los quieren correr del pueblo mencionándoles la palabra fags (maricas) todo el tiempo. Ellos al creerse muy hombres les sorprende bastante que les digan maricones. Yo no sé si un insulto aísle y retraiga a los acosadores, incluso no sé si la solución sea asilarlos, pero los incansables intentos mediante cualquier método por erradicarlos muy probablemente valgan la pena. “Oiga, señor, ¿usted es maricón? ¿Entonces por qué le gritó esas cosas a la chica? Creo que usted es un enano sexual”.

Tamara de Anda ha recibido insultos y amenazas por redes sociales después de su denuncia. La acusan de exagerada e incongruente porque hace siete años escribió un twit diciéndole guapo a un conocido suyo. Las reacciones en contra del acoso son incómodas para las mentes adoctrinadas. En una sociedad carente de reflexión los diferentes contextos se confunden y a los entes que deambulan en las calles sin conciencia de ser verdaderos ciudadanos les parece normal y aceptable que cualquier hijo de vecino haga referencia por medio de piropos al aspecto físico de una mujer. Incluso mujeres ven normal que gente sin ningún derecho a hacerlo, las piropeen en la calle y demandan a Plaqueta consentir la agresión.

 

Acoso callejero

Foto: Radio UChile

 

Este tipo de incidentes se reproducen en cada esquina de la Ciudad de México. Conductores que bajan la velocidad para voltear a ver los glúteos de una mujer; ciclistas que les chiflan a las mujeres; usuarios de metro que aprovechan la cercanía de los cuerpos apretados para rozar su sexo con una mujer; peatones que pasan a lado del oído femenino para narrar una cochinada.

El acoso es un delito masivo que está a la vista de todos, pero que sólo a veces germina en el debate público. Y cuando eso ocurre, como en esta ocasión, vuelve a diagnosticar que vivimos en una sociedad retrógrada, miope, incapaz de pensar en el otro, incapaz de reflexionar a profundidad ante las particularidades de diferentes contextos, una sociedad que se evidencia a si mima como adoctrinada, con un chip instalado donde lo que hace el otro es normal sólo porque lo hace el otro, con una programación establecida que nuestra cobardía no nos permite destruir, una sociedad donde todo es posible sin ninguna consecuencia, un mundo de fantasía, una sociedad distorsionada, enferma y pendeja.

 

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**Las opiniones aquí vertidas son responsabilidad del autor y no son necesariamente compartidas por Capitalino Errante**

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(Ciudad de México, 1993) Estudió Ciencias de la Comunicación. Cursó el Diplomado de Creación Literaria en el Centro Horizontal. Ha colaborado en distintas publicaciones como Prólogo, Palabrerías, A Buen Puerto, Punkroutine. Operación Marte, Revés Online, La Rabia del Axolotl, Liberoamérica y Tierra Adentro.


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