Las marchas no sirven de nada

El 16 de septiembre mi amigo y compañero Adrián Tovar publicó en este medio un texto titulado Vamo a marchar – #RenunciaYa, con motivo de la movilización que se convocó un día anterior para pedir la destitución del presidente, a quien no nombraré para no manchar esta web, en el cual se pregunta directamente si las marchas sirven de algo.

 

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Cuando la visión de mi contexto social, cultural y político se ensanchó un poco me llamaron la atención las marchas. Acudí a algunas, pero como observador; no me sentía con derecho a ser partícipe directamente de una de ellas pues acudía sin compañía de alguien que estuviera integrado a algún contingente y por mi parte no me incluía en ninguno pues mi natural urgencia al caminar, producto de mi ansiedad por que la vida pase rápido, no lleva ni llevará nunca el compás de una caminata social.

 

Marchas

Foto: http://image.posta.com.mx/

 

De lejos observaba a los estudiantes de la UNAM intercambiar porras con los del Politécnico para después, en forma de tributo y respeto, corear la letra contraria a su casa de estudios. Caminaba por las banquetas de Reforma, rebasando disfraces, cohetones y tambores hasta llegar al frente y ver al político que comandaba el movimiento. Otras veces, por casualidad, me encontré con marchas y me detuve sólo unos segundos a leer sus cartulinas para enterarme de sus motivos.

Hace dos años, me invitaron unos amigos, incluyentes siempre en este tipo de eventos, a participar con ellos en la Megamarcha del 2 de Octubre. Al principio, tuve la intención de ir, de vivir desde adentro y no sólo como observador. Y esa vez, horas antes de reunirme con mis conocidos, me hice la misma pregunta que mi amigo Adrián formula en su texto.

Aquella vez no correspondí la invitación, me quedé en casa a intentar resolver esa duda y de ella surgieron varias conclusiones que terminé por plasmar en mi antiguo blog. Hoy, a manera de intentar un diálogo entre colaboradores y lectores de esta página, producto de la reflexión y los recuerdos que me causó el texto, y con la intención de expresar mis ideas en un sitio más grande de lo que era mi blog, respondo que las marchas no sirven de nada.

Si bien son eventos catárticos en los que seguramente hay gente que expulsa de sí su saber, sus inquietudes y sus molestias, también son causas simbólicas donde no hay acción efectiva ni soluciones a cualquier tipo de problema. Incluso muchas de estas movilizaciones tienen la sola intención de informar, sin lograrlo.

Las consecuencias de las marchas todos las sabemos, desde las económicas hasta las de convivencia civil. No sé si en décadas pasadas había tanta protesta en las calles, pero lo que me toca vivir como contemporáneo es la frecuente actividad de ellas, lo que merma la estabilidad pacífica de una comunidad. Sin embargo, no considero que sea prudente que se erradiquen, pues también me parece importante conservar, como simbolismo, algunos eventos que merecen ser recordados como el 2 de Octubre, Ayotzinapa y Tlatlaya, por mencionar recientes hechos sociopolíticos de trascendencia mediática.

Tengo la idea, hasta que el tiempo me la tumbe, que cada quien debe construir el mundo que quiere habitar. O dicho de otra forma, aunque los más conservadores me digan de forma despectiva que eso es de mariguanos, como si fuera “algo del diablo”: no es el mundo que le heredamos a los hijos, sino los hijos que le heredamos al mundo. Aunque le grite en la cara al máximo mandamás que cambie los planes de estudio, le dé de comer a los pobres y recoja a los perros de la calle, muy probablemente no va a haber acción que cumpla mis deseos. Por ello, yo mismo tendría que tomar decisiones y llevarlas a la práctica para hacer mi propio mundo más habitable; como por ejemplo en el terreno de la ética civil, desde ayudar a una señora a subir por las escaleras su maleta, siendo prudente al abordar un vagón de metro, devolviendo el cambio que me dieron mal, incluso hasta no convivir con gente cínica y carente de razón e inteligencia.

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En ese sentido muchas marchas no deberían de existir. Lo que propuse hace dos años, lo sigo sosteniendo. La protesta de este tipo incomoda al de al lado puesto que se obstaculiza el tránsito y el flujo económico de los negocios, provoca inconformes y enconos. Por eso mi propuesta es que en lugar de caminatas sociales se organicen, con dinamismo e ímpetu, mesas de información, de diálogo, conferencias y charlas con expertos que ofrezcan una visión amplia de lo que dio origen a lo que en un principio sería una marcha, instalarlas en puntos estratégicos de la ciudad, en plazas públicas, como las que hace Buzón Ciudadano.

A mi parecer, esas acciones serían más efectivas, protesta social real que tendría el objetivo de promover el pensamiento crítico y la reflexión, dándoles espacios a aquellos que tienen ideas y que si no son leídos, serían escuchados. Creo que el número de personas inconformes con los movimientos sociales se reduciría y el número de personas incluyentes aumentaría, pues probablemente no se trata de incapacidad o desinterés sino de desinformación y poco acceso a las herramientas de utilidad intelectual.

*Si quieres leer mi antiguo texto con referencia a la violencia en las marchas, clic en la imagen:

Foto: Animal Político

 

**Las opiniones aquí vertidas son responsabilidad del autor y no son necesariamente compartidas por Capitalino Errante**

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(Ciudad de México, 1993) Estudió Ciencias de la Comunicación. Cursó el Diplomado de Creación Literaria en el Centro Horizontal. Ha colaborado en distintas publicaciones como Prólogo, Palabrerías, A Buen Puerto, Punkroutine. Operación Marte, Revés Online, La Rabia del Axolotl, Liberoamérica y Tierra Adentro.


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