Métodos de intimidación de la policía en el Metro de la CDMX

Dos policías intentaron sacarme algo de dinero en las instalaciones de mi queridísimo Sistema de Transporte Colectivo Metro y, claro, se la pelaron toda, pero no imagino la cantidad de personas a las que suelen intimidar o estafar a lo largo del día.




Ahí les va mi historia…

Instalaciones del STC Metro en la CDMX.

Instalaciones del STC Metro en la CDMX.

Todo inició cuando viajaba de la estación Auditorio Nacional dirección Barranca del Muerto entre las 5:45 y las 6:00 de la tarde el 28 de mayo de 2019. Me quedé dormido como casi siempre me pasa. Entre mi cansancio, las pocas horas de sueño y el pinche calor del demonio me tumbaron en un estado de inconsciencia tremendo.

El tren dio la vuelta, entró a ese lugar desconocido por muchos en el que dejan guardados los trenes y salió con rumbo al Rosario; nunca me di cuenta, estaba rendido. Ahí fue cuando dos policías me despertaron para sacarme del vagón. Una vez en el pasillo me explicaron las consecuencias que trae consigo el haber violado el Artículo 26, fracción XI de la Ley de Cultura Cívica de la Ciudad de México.




“Es infracción contra el entorno urbano ingresar a zonas señaladas como de acceso restringido en los lugares o inmuebles destinados a servicios públicos, sin la autorización correspondiente o fuera de los horarios establecidos”, reza el manual.

Hasta el momento en que me leyeron lo anterior todo iba bien, incluso admiré su proceder. No hubo agresiones de su parte, de la mía tampoco. Yo me mostré en la mejor disposición para ser trasladado. Casi al instante, las cosas comenzaron a ponerse raras.

Estación Barranca del Muerto de la Línea 7 del STC Metro.

Comienza el intento de recibir mordida, la corrupción pura y dura en el Metro de la CDMX

Primero, uno de los oficiales pidió una supuesta unidad a través de su radio, mismo que nunca prendió y donde no recibió respuesta de alguien. Luego, indicaron que mi traslado sería a Plaza Pino Suárez (“bueno, por ahí cerca”, dijeron), donde está la Agencia del Ministerio Público Especializada en Atención a Personas Indígenas. Interesante, pues ahí no hay un juzgado cívico, tal como lo indica el directorio de la Consejería Jurídica y de Servicios Legales de la CDMX en su página oficial.

De hecho, aunque existiera, el traslado debió ser a uno de los cuatro juzgados ubicados en la alcaldía Álvaro Obregón, como lo indica el documento señalado con anterioridad, mismo que puedes consultar con un simple clic aquí.

Por si fuera poco, iniciaron las intimidaciones con el varo, con las rejas, con mi seguridad, pues insinuaron que yo podía pagar mínimo 900.00 pesos o pasar mis buenas horas en arresto.

De hecho, la multa pudo ir de 1774.29 pesos a 3379.6 pesos, según la Ley de Cultura Cívica de la Ciudad de México, donde se establece que podrían cobrarse de 21 a 40 veces la Unidad de Cuenta vigente, así como de 25 a 36 horas de arresto. Estuvieron bastante lejos. Esto lo puedes consultar con otro clic acá.

Seguimos. Lo siguiente fue tomarme mis datos, nombre y edad, para… NO SÉ. Luego nos pusimos en marcha. Al subir las escaleras de mármol, completamente a pie, uno de los oficiales me preguntó mi procedencia, mi destino y mi ocupación, respondí sus interrogantes al momento. Una vez en la salida me acorraló, insinuó que podía tirarme un paro con su compañero y me pidió para el chesco.

Yo, claro, le dije que nada más traía 20.00 varos, pero insistió en que juntara 50.00 ‘para una Coca Cola de las gandotas’. Chale, está muy caro el refresco en estas épocas. Total que me negué rotundamente, pues el presidente ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR es muy claro: cero tolerancia a la corrupción.

En fin, llegó el otro oficial y me sacaron de las instalaciones, no sin antes acorralarme una vez más. Fue aquí cuando comencé a realizar unas llamadas. Mi papá, mi mamá, un amigo al azar, mi novia y probablemente su padre (estos últimos abogados de profesión), sabían mi ubicación, así como mi destino e incluso la falta administrativa que cometí. Todos estuvimos de acuerdo en que debían remitirme sin pedo alguno.

Una vez acorralado me pidieron colgar la llamada que hacía y no hablaron hasta estar seguros de que mi celular estaba completamente apagado. El oficial que me pidió mordida aseguró, sin remordimiento, que yo mismo le ofrecí dinero a cambio de hacerme el paro. Lo negué rotundamente y pedí ser trasladado en la supuesta patrulla que ya esperaba afuera.

metro balderas
Instalaciones del STC Metro en la CDMX.

La última, chicle y pega

“Mira, es que entiende, peligra tu vida” -no sé si fue una amenaza directa o hablaba del inconsciente acto de quedarme dormido en un vagón que, en apariencia, ya estaba por ser estacionado, según sus propias palabras- “en tu casa te espera tu familia, tus amigos, ¿tienes hijos? ¿No? Bueno, pues así ya dices, uff. Además, a ver, ¿traes dinero para la multa? ¿Qué necesidad hay de hacer que se mueva tu familia, estarlos trayendo?”, fue su último intento por sacarme un poco de cambio que, desde luego, no pensaba otorgarles.

Una vez más pedí que me subieran a la patrulla y nos veíamos en el juzgado cívico, pero entonces me dejaron ir. Según el oficial, ya habían cancelado la orden, pero una vez más nunca prendió su radio, no pronunció claves, nunca nadie le respondió. Me perdonaron con la advertencia de no volver a hacerlo e invitar a mis amigos a no dormir en el Metro. El puro choro, la verborrea.

Hasta aquí mi reporte Joaquín. Cuídense unos con otros y ya se la saben, no se duerman en el Metro y no acepten dar mordida.

Policía en las instalaciones del STC Metro de la CDMX.



No soy guapo como Brad Pitt ni simpático como Chespirito.


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