La Casa De Asterión – Mi distorsión muestra obsesión.

Mi distorsión muestra obsesión

Por Eduardo Ángedes Veruete/ @Asterion25 / eduardoangeles@capitalinoerrante.com

Las manecillas caminaban, había tanto silencio que habitaban todo el cuarto al igual que el humo de mil cigarrillos. Acostado yacía él, con su actitud impaciente pero un cuerpo inalterado. Su mirada estaba fija en el reloj que reflejaba su más íntimo deseo, no quería que parara, más rápido -se decía- que ya viene la hora. Él había permanecido por más de dos horas acostado visualizando el reloj y escuchando vieja música, recordando, fantaseando. Congelado, deambulando en sus memorias e imaginación, recreando objetos y situaciones, posiciones y juramentos.

Ella sin camisa, él sin vergüenza, yacían mirándose como lo hace uno al espejo, perplejo de tal maravilla física e infinitamente curioso por saber que hay detrás. Él recorría su cuerpo desnudo sin detenerse por un segundo o parpadear, como si con sus ojos trazara una ruta de un mapa que conoce de memoria, una ruta que lleva siglos queriendo correr y respirar, una ya ensayada.

Paul Delvaux (Belgian, Surrealism, 1897–1994): The Joy of Life (La Joie de Vivre), 1937.

Paul Delvaux (Belgian, Surrealism, 1897–1994): The Joy of Life (La Joie de Vivre), 1937.

Los cuerpos sudados estaban enmarañados, empapados de satisfacción pero sobre todo callados, triunfales de la reciente escaramuza en calor de lo que Él había callado con sus manos. Escuchaban la música y aspiraban humo. La ropa tirada y la piel derretida era la escena que recordarían en aquel lúgubre sofá, en aquel encantador e inexplicable rodeo.

Tic-toc hacía el reloj, sin detenerse él lo miraba, cada vez menos –pensó-.

Se hizo la hora, se puso los zapatos tranquilamente, impasible, tomó un cigarrillo, apenas se alcanzó a escuchar el ruido de uno o dos cerillos al sacar la caja de su chaqueta y encendió el tabaco. Subió las escaleras de su casa y se quedó mirando en el balcón. Hacía frío, el invierno apenas había comenzado y claro que se notaba.

Fumaba y fumaba, veía a la gente pasar, no tenía importancia, sólo necesitaba una cara para bastarse, y justo cuando terminó su cigarrillo la encontró, como siempre lo hacía, misma hora, mismos días, mismo deseo. El sueño se había hecho realidad, había encontrado aquel mapa que tanto había recorrido con su mente y tan poco con su cuerpo.

Bajó las escaleras, tomo las llaves y salió de su casa, cerró la puerta a sus espaldas, sin perder la vista en Ella, la vio sacar algo del bolso, las llaves, entro en donde Él ya sabía que estaría siempre menos hoy. Él cruzó la calle y se sentó en la banqueta esperando. Ella salió a los pocos minutos de haber entrado y también espero, afuera de su puerta, lo miró y Él a ella, como si se conocieran, como si se hubiesen amado pero ya no más, pero nunca aquí.

Pasaron otros minutos para que llegara un auto y la recogiera. Se aseguró de que hubieran desaparecido y se acercó a la casa que acababa de ser cerrada. Permaneció parado frente a ella un momento, se aseguro de que nadie inmiscuyera abrió la cerradura. Desde dentro se vio su silueta en el umbral de la puerta y su gran sombra en el suelo. Era la más pura representación de la obsesión adquirida con los años y por fin consumada con tal acto, tan atroz que cambiaría la vida de aquellos desconocidos para así nunca olvidarse.

Edward Hopper (American, American Realism, 1882-1967): Night Shadows, 1921

Edward Hopper (American, American Realism, 1882-1967): Night Shadows, 1921



La Guía Definitiva de la Ciudad de México


Déjanos un comentario