Mirarte y que me entiendas – La Casa de Asterión

Por Fernando Vixtha

Pintura de pareja

VII

Va, pero con condón.
Va, pero por atrás.
Va, pero te los echo en la cara.
Va, pero sin besos.
Va, pero no te enamores

V

Si yo hiciera un camino muy largo de dominos parados uno detrás de otro, formando figuras, no sé, banderas, tu nombre completo, tu carita de guapa, nuestras piernas cruzadas, sólo dejaría que tú tiraras la primera ficha. Algo simple que puedes hacer con un dedo

I

Leerte. Escribirte. Llamarte. Penetrarte. Lamerte. Pedirte que seas mi esposa. Llorar de felicidad. Quedar embarazados.

III

Dicen muchos que del odio al amor hay un paso. Ellos no saben nada. Es todo lo contrario: del amor al odio hay un paso. Un paso pequeño, cauteloso, delicado, un paso de pie descalzo para no despertar al marido. Para llegar a la casa del amante, tocar el timbre y entregarse.

Escultura de mujer

VIII

Sí era horrible, pero cada uno de sus besos me provocó una erección.

IV

Los veo jugar a las escondidillas. Mi hija me sonríe y me susurra: “no les digas dónde estoy, papi”. Y yo siento que de nuevo tengo una aventura amorosa.

II

Eyaculé en tu cara y comenzaste a chupármelo. Me subí el pantalón y te metí la lengua a la boca. Salimos de tu cuarto y nos dimos un abrazo de bienvenida. Bajé las escaleras corriendo y con nervios toqué el timbre de tu casa.

VI

Qué hueva me dan las mujeres que no son tú.

 

 



La Guía Definitiva de la Ciudad de México


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