No estoy dispuesto a pagarle a mi asesino

Legalización Marihuana

Foto: elhispanonewspaper.com

En este mismo espacio, hace unos meses, se hizo una cobertura periodística sobre los movimientos sociales a favor de la legalización de la marihuana. En ese momento no escribí de ello pues mi rol como autor en Capitalino Errante era otro. Así es: los relatos de prostitutas. Siempre llego tarde a todo; espero así sea con el día de mi muerte y por fortuna, así es en los clímax de mis relaciones sexuales.

El fin de semana asistí a una fiesta, que ahora ya no se llaman fiestas pues se escucha anticuado, diré peda: asistí a una peda en casa de una mujer desconocida, amiga de una amiga mía que por coincidencia era amiga de otra de mis amigas. En efecto, tengo muchas amigas, algo bueno tiene que dejar escribir en la popularsísima página de Capitalino. Para fines prácticos y objetivos de esta página web, diré que la casa estaba ubicada en la Colonia Roma. Ahí, en la Roma, goei, me encontré a mis amigos de la preparatoria; por supuesto, también tengo amigos, los saludé con sumo gusto y alguno de ellos se acordó que mi cumpleaños acababa de pasar. Me serví whisky de doscientos baros en un vaso y me puse a platicar con ellos.

En la charla noté que en la barra tenían un estuchito redondo con una planta de marihuana dibujada en una estampa. Raro hábito de uno de ellos pues me acuerdo que alguna vez, hace mucho tiempo, de camino a casa, luego de clases, un sujeto se nos acercó vendiéndonos hierba, a lo que mi amigo enseguida rechazó el ofrecimiento argumentando que se encontraba masticando chicle.

Uno de los que venían conmigo le dijo de broma, pero en serio, porque toda mentira tiene algo de verdad, que no fumara frente a mí porque no me gusta ese tipo de productos. El que mascó chicle alguna vez me preguntó por qué, riéndose. No solté una perorata pues es fácil de explicar, no soy padre para andar por la vida predicando y no quería gastar mi tiempo en ello. Sencillo: le dije que a mí no me gusta consumir cualquier tipo de drogas pues muere mucha gente. Ese argumento se malentendió.

Horas y cubas después, alguien más, mientras preparaba su churro, porque no era pequeño, me inquirió sobre mis razones. Repetí lo mismo. De manera engreída y despectiva, sin mirarme a los ojos, evasivo, convencido de que lo que estaba haciendo era la mejor decisión que podía tomar en su vida, no hay mayor idiota que el que está convencido de sus propias decisiones, respondió que no importaba porque él es el único que se iba a morir si consumía cannabis.

Ante la mirada atónita de un supuesto mudo que era o muy analítico o muy torpe, le expliqué que a mí no me preocupaba su muerte por consumir marihuana, pues aunque no hay un estudio claro, se estima que la marihuana por consumo no produce ninguna muerte o el índice de mortalidad es casi nulo para el número de consumidores en el mundo. Se lo puedo atribuir a la ebriedad o a la dispersión mental por la quema, pero este arrogante tipo, probablemente, no tiene ni una pizca de conciencia para saber lo que se está metiendo.

Las razones por las que no consumo drogas no es porque me vaya a morir; es en primera instancia porque a nosotros, los últimos consumidores, nos llegan las peores sustancias, las más rebajadas, las más impuras, las más tóxicas; los dueños de la droga, por nuestras condiciones económicas, nos ofrecen pura mierda. Vamos a seguir metiéndonos caca por nuestra nariz.

La segunda razón es porque no estoy dispuesto a darle mi dinero a alguien que el día de mañana me puede matar. No estoy dispuesto a pagarle a mi asesino. No estoy dispuesto a ofrecer billetes a un desconocido para que, directa o indirectamente, compre armas con las que puede pegarle un balazo a mi madre, a tu madre o la madre de quien sea en cualquier región del país o del mundo. Hace falta ser idiota para consumir marihuana y mantener un negocio multimillonario que baña de sangre las calles y enriquece a políticos corruptos e ignorantes dueños del país.

Legalización marihuana

Foto: noticias.starmedia.com

Sin embargo, tú, lector, me puedes argumentar que beber Coca-Cola es lo mismo, que comprar Xbox es lo mismo, que tener un iPhone es lo mismo, que beber alcohol y fumar tabaco es lo mismo, que comprar esos productos es apoyar a trasnacionales que nos enferman y nos maniatan y que esos empresarios son tan descarnados y desalmados como los políticos y los narcotraficantes, que corren a la gente de su hogar dejándola sin recursos en la calle, que exterminan a la propia naturaleza. Yo te digo, lector, que estoy de acuerdo contigo, tampoco deseo ser un moralista, no hay escapatoria, si la hubiera, no habría posibilidad que yo escribiera estas líneas para ti desde una computadora HP, producto de una trasnacional.

La Ciudad de México y el país no están preparados para la legalización de la marihuana, gracias a estos tipos engreídos y desinformados, idiotas falsamente convencidos, con una visión del mundo estrecha, encerrados en su burbuja creyendo que no hay una consecuencia más profunda por lo que están haciendo. No estamos preparados para la legalización y no es por las buenas costumbres, al diablo las buenas costumbres, es por nuestra idiosincrasia de querer ser el macho alfa y querer tener el reconocimiento del otro a través de lo fácil, de lo elemental, de la estupidez. La marihuana no genera violencia, es una planta, no se puede mover; nosotros, los idiotas, la generamos por nuestro ridículo deseo de poder.

Yo no consumo porque no me es necesaria como el teléfono, la computadora, el internet, el alcohol y el tabaco los fines de semana. Al menos, hasta el momento, me he liberado de cooperar con mi propia muerte, aunque sea evitando una sola opción; sin embargo mi proceso mortuorio tecnológico, etílico y alimentario continua.

Que consuma marihuana quien sea capaz de hacerlo. En México, muy pocos.

 

**Las opiniones aquí vertidas son responsabilidad del autor y no son necesariamente compartidas por Capitalino Errante**

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(Ciudad de México, 1993) Estudió Ciencias de la Comunicación. Cursó el Diplomado de Creación Literaria en el Centro Horizontal. Ha colaborado en distintas publicaciones como Prólogo, Palabrerías, A Buen Puerto, Punkroutine. Operación Marte, Revés Online, La Rabia del Axolotl, Liberoamérica y Tierra Adentro.


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