Por qué no ir a una entrevista de trabajo aún pedo

Godínez Pedo

Foto: Vice

 

Sonó mi despertador a las ocho de la mañana. Lo programo tres horas antes de salir de casa. Una hora se va en el “un ratito más”. Las dos horas restantes son para desayunar, bañarme y cagar. No puedo salir sin desayunar, me duele el estómago y me mareo si no como algo. Me levanté a las diez. No debí de meterme tan tarde un día antes. Comí sólo unas galletas con chispas de chocolate y un jugo de guayaba. Me bañé rápido. Cagué en chinga.

Casi a las once y media de la mañana caminaba rumbo al Metro. Calculé que tardaría dos horas en llegar. Mi cita era a la una de la tarde. En los torniquetes de la estación de Metrobús Buenavista, un pequeño letrero, hecho con una hoja de cuaderno doblada dos veces, decía que sólo había servicio hasta Reforma y reanudaba cuatro estaciones después para continuar su traslado. Tenía que estar en la Colonia del Valle en menos de cuarenta minutos. No era difícil lograrlo. Cinco, diez, quince minutos y no pasaba ningún biarticulado. Pregunté a una mujer policía, muy amable, que si había servicio. Me dijo que tardaría algunos minutos. Tomé el celular para avisar. El saldo de su Amigo se ha agotado, te sugerimos adquirir una nueva ficha con tu distribuidor autorizado Telcel. Chinga tu madre, pinche crisis de mierda.

Crucé el torniquete de salida. Recargué en un Oxxo. Vi el Metrobús pasar. El cálculo de la poli falló. No tardó tanto. Hablé para comentar lo sucedido, omitiendo el retraso en mi horario, y posponer mi cita. Afortunadamente fueron flexibles. Me dieron media hora más. Subí en El Chopo a un biarticulado. Las dos grandes botellas de agua que llevaba, ni la que se había calentado por el sol ni la fría que acababa de comprar, calmaron mi náusea. Cada que llegaba a una estación, el movimiento del freno del Metrobús me tambaleaba para adelante y para atrás. Mis interiores se revolvían. Cada estación me daba ánimos a mí mismo. Ya falta poco, güey. Una más, aguanta una más. Los demás pasajeros se me quedaban viendo. Sabían que en cualquier momento podía pasar lo inminente dentro del vagón o fuera de él. Tendría que salir corriendo. No sucedió, por fortuna.

El transporte no paró en Reforma como indicaba el mugroso letrero. Llegué justo. A la una y media. Aproveché el tiempo extra. La entrevista con la reclutadora fue en una claustrofóbica oficinita. Veía a todos lados. Me pregunté si seguía pedo. Mientras me explicaba de qué trataba el trabajo, la náusea atacó mi cabeza, apretó mi garganta y encogió mi lengua. Por un momento pensé en rendirme. Apreté los puños por debajo de la mesa. Aguanta cabrón, no mames. Plan B: miré el bote de basura. Una tos como liberación de ascos de resaca quería salir. La crisis pasó. Sonreí, asenté con la cabeza y dije falsamente: sí, sí me interesa.

La entrevistadora me acompañó a la salida. Dijo, como todos, que seguiríamos en contacto. Frase de consuelo para el perdedor. Saqué mi botella de agua Bonafont, seguramente rellenada con agua de algún grifo de la calle. Tomé varios tragos. Refrescó un poco mi aliento a noche vieja. Si me subía al Metrobús, seguro me iba a marear y entonces sí, sin ningún compromiso ya probablemente mi cuerpo se rendiría antes los síntomas de embarazo alcohólico. Decidí caminar hasta que me sintiera mejor. No fue sino hasta Plaza de la República. Trece estaciones en total. Caminé un buen tramo de Insurgentes. Por la noche tuve que sobar con aceite Mennen mis pies hinchados, como de obeso, como de embarazo etílico.

Prometo no volver a tomar y desvelarme una noche antes de una entrevista de trabajo. Pero no lo digo por esa razón. Qué importa si la reclutadora percibió mi aliento fermentado. Oportunidades hay muchas. Trabajo hay de sobra para un genio como yo. Además, muy probablemente no la volveré a ver en mi vida. Lo que de verdad me duele, son mis pies.

 

**Las opiniones aquí vertidas son responsabilidad del autor y no son necesariamente compartidas por Capitalino Errante**

Twitter de @mauricioneblina



(Ciudad de México, 1993) Estudió Ciencias de la Comunicación. Cursó el Diplomado de Creación Literaria en el Centro Horizontal. Ha colaborado en distintas publicaciones como Prólogo, Palabrerías, A Buen Puerto, Punkroutine. Operación Marte, Revés Online, La Rabia del Axolotl, Liberoamérica y Tierra Adentro.


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