No les vaya a dar frío

L’étudiante et Monsieur Henri

Foto: allocine.fr

 

La columna, como género periodístico, se ha degenerado, prostituido, devaluado; hoy cualquier pusilánime como yo se hace llamar columnista y ostenta cualquier texto que escriba malnombrándolo como tal.

Esta ocasión me aprovecho de ello y de la libertad que me da Capitalino Errante para expresarme sobre cualquier tema; así me permito escribir, si bien no una reseña total porque me estaría entrometiendo en el trabajo de alguien más, por lo menos una disertación un tanto reseña, así entonces me acercaría a la columna, sobre la comedia La estudiante y el Señor Henri perteneciente al #20TourDeCineFrancés.

Hace un año me senté solitario a ver todo el Tour en el Cinematógrafo del Chopo, lugar cercano a mi casa. Me encontré cintas que me conmovieron, cine de arte, porque si al salir de una sala, algo no cambia en ti, entonces dos horas de tu vida se desperdiciaron. Desde entonces planeé asistir cada año al Tour y volverlo costumbre como lo he hecho con la FILPM y la FIL Zócalo.

Esta misma tarde, tomando en cuenta que cuando se publicó este texto es lunes por la noche, fui a ver L’étudiante et Monsieur Henri. Llegué tarde, como siempre a todos lados, incluso al baño. Me perdí, cosa lamentable, el cortometraje mexicano que pasan antes de cada película francesa. Ni modo, luego uno disfruta de igual manera la cinta corta que la larga, sin albur.

Constance Piponnier (Noémie Schmidt) es una joven con deseos de ingresar a la universidad y dejar de lado el destino como comerciante que su padre le quiere imponer. Para lograrlo tiene que viajar a París con la esperanza de aprobar el examen de admisión, encontrar un lugar en donde vivir y con su cuenta personal en ceros.

El Señor Henri Voizot (Claude Brasseur), un viejo gruñón, es convencido por su hijo Paul (Guillaume de Tonquédec) para rentar una habitación de su departamento a bajo costo, ya que su estado de salud no le permite vivir solo. Constance, recién llegada a París, acude al anuncio de renta y visita el lugar para ver si le convence. En tanto, el Señor Henri inventa desperfectos en la casa para ahuyentar a todo aquel que se acerque a preguntar.

Luego de una lista de solicitudes, el perfil de Constance es el más adecuado o el menos peor para el Señor Henri, quien entre muchas reglas de convivencia tiene una en especial: no tocar el piano de su difunta esposa. Cuando era niña, Constance tocaba el piano, incluso ganó premios y compuso alguna pieza musical. Cansada de estudiar y aburrida de ver televisión, decide descubrir el piano y comenzar a tocar. Para su mala fortuna, el Señor Henri entra al departamento en ese momento. Ante la molestia de tener una intrusa en su privacidad que viola las reglas, miente y no tiene dinero, decide acordar un trato con ella.

Paul es contador porque su padre le impuso esa profesión, es casado y quiere tener hijos. Su esposa Valérie (Frédérique Bel) es una mujer ortodoxa, delicada e idiota, en palabras del Señor Henri quien no desea tener nietos con pocas neuronas. Así le propone a Constance que seduzca a Paul para que se separe de Valérie a cambio de varios meses de renta gratis. A Constance le pesa la decisión de entrometerse en una relación de amor, pero le quedan dos alternativas: resignarse a regresar al negocio de su padre o seguir persiguiendo el objetivo universitario a pesar del caos familiar que puede causar.

Yo recomendaría esta película a todo joven que busca una vocación, que se busca a sí mismo en el presente y en el futuro, a aquel que no encuentra un camino en donde se sienta cómodo o incluso a aquel que no encuentre el sentido de lo que está haciendo. El filme es una comedia y más allá de sacar unas risas, contrapone la vida de una joven y un viejo, sus rutinas, sus ideas, sus modos, sus diversiones, su pasado y su futuro; y al mismo tiempo unifica dos vidas paradójicas para crear una nueva concepción del mundo.

Además, L’étudiante et Monsieur Henri indaga en la complejidad del ser humano ya que mientras el padre de Constance le dice que es una buena para nada y que no se debería dedicar a la música pues no es lo suyo según él, el Señor Henri le dice lo contrario y la apoya para hacer lo que de verdad le gusta, pero al mismo tiempo increpa y humilla a su propio hijo por las decisiones que ha tomado respecto a su esposa.

Todo ser humano intenta hilar sus acciones con su palabra, pero es difícil cuando hay emociones. Si la coherencia y la cordura sucedieran todo el tiempo seríamos máquinas. Aquel que juzga moralmente a otro que falla en esto, dudo que sea, como exige, completamente coherente de verbo y acción. O es un mentiroso o es un idiota. Las ideas, las costumbres, las formas de una persona van cambiando conforme pasa el tiempo y se conocen nuevas cosas. Nadie puede ser esclavo de su propia identidad; si es así deberían estar muertos pues nunca aportarán nada nuevo al mundo o a sí mismos.

Termino este texto con una disculpa por lo amplio del mismo y por la intromisión en un tema que no me corresponde, pero la película me ha conmovido tanto que no podía dejar de reflexionarla. Me conmueve la complejidad del ser humano, me conmueve el arte, y esta tarde no fui ni seré el mismo que por la mañana.

“La vida no se trata de tener éxito o no. Lo importante está en otra parte”.

 

**Las opiniones aquí vertidas son responsabilidad del autor y no son necesariamente compartidas por Capitalino Errante**

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(Ciudad de México, 1993) Estudió Ciencias de la Comunicación. Cursó el Diplomado de Creación Literaria en el Centro Horizontal. Ha colaborado en distintas publicaciones como Prólogo, Palabrerías, A Buen Puerto, Punkroutine. Operación Marte, Revés Online, La Rabia del Axolotl, Liberoamérica y Tierra Adentro.


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