No a los cigarros sueltos

Cigarros sueltos

Foto: El Universal

 

Tengo cierto pudor al aceptar que soy fumador. Desvío la boca hacia otro lado cuando hablo con alguien por temor al rechazo provocado por mi aliento a incendio forestal. Detesto que mis prendas capturen entre sus hilos la sequedad rancia, esencia de un cigarro. Mi desvelo diario me ha provocado moradas ojeras y ojos profundos que el tabaco me ha acentuado. Soy un falso fumador pues siempre pido mentolados para, según yo, no contaminar tanto la ciudad que habita en mi boca y el chicle que masco después, lo uso como pastilla aromatizante de baño. Oculto mis dedos de las narices de la gente, prefiero jugar al equilibrio en el Metro que sostenerme del tubo frente a la mirada cómplice del que padece el mismo vicio. Tiro las colillas en las calles y me desprecio aún más.

¿Dónde depositar los contenedores de amoniaco, mercurio y alquitrán que sobran luego de una degustación exquisita de humo sabor menta, si por cada colonia existe un bote de basura en la Ciudad de México? ¿En un bolsillo del pantalón para eternizar el perfume del diablo? ¿En los atareados dedos que se entumen por preservar una figura de sombra hecha por el sol? ¿En una bolsa de plástico extra que seduzca poco a poco el espacio propio del interior de una mochila?

Las colillas como ornato de nuestra ciudad. Comida de coladeras. Esperanza del breik de un vagabundo en busca de saciar sus vicios. Manchas de asfalto que representan incivilidad, puerquez, naquez o como usted le quiera llamar. Trazos, líneas anchas de un plumón colectivo y contaminante color blanco con hierbabuena o naranja de asfixia. Semillas amarillas de las que se espera salga un árbol imposible. Crónicas de estrés, ansiedad e impaciencia. Comas de impuntualidad. De venta en cualquier tiendita el cigarro suelto.

Matémonos nosotros mismos y no acentuemos una ciudad a la que no le hacen falta signos de puntuación. No adornemos las calles que visten ya propaganda de partidos políticos. No apestemos más las coladeras, hábitats de tortugas mutantes que un día salvarán las calles de las aves de rapiña que son nuestros pseudorepresentantes. Fumemos y fumemos mucho, en exceso hasta que el dolor de bronquios por las mañanas sea insoportable. Inhalemos humo en lugar de cocaína hasta que hablemos por un hoyo en la garganta. Compremos cajetillas al por mayor, asaltemos los camiones de Marlboro, Delicados y Pall Mall de sabor y succionemos, succionemos hasta hacer más rico al que nos mata. Pero no compremos cigarros sueltos. Son más caros y no hay donde tirarlos. Para eso están las cajetillas.

 

**Las opiniones aquí vertidas son responsabilidad del autor y no son necesariamente compartidas por Capitalino Errante**

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(Ciudad de México, 1993) Estudió Ciencias de la Comunicación. Cursó el Diplomado de Creación Literaria en el Centro Horizontal. Ha colaborado en distintas publicaciones como Prólogo, Palabrerías, A Buen Puerto, Punkroutine. Operación Marte, Revés Online, La Rabia del Axolotl, Liberoamérica y Tierra Adentro.


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