NRMAL: la media justa – Coberturas

Por Luis Mata

Los festivales musicales se han vuelto un cliché. Hace unos días tropecé con un artículo del periódico Excelsior acerca de los vicios del mercado musical actual, el artículo llamado “10 tesis contra los festivales musicales” ponía justamente a estos como el principal virus.

Y es cierto, no hay vuelta de hoja. Estas reuniones que supuestamente celebran a la música, se ven rodeadas por dinero, branding, estatus, amiguismo y negocio. Pocos festivales se ocupan de realmente presentar una propuesta. Y al decir “propuesta”, no hablo del concepto, ni si quiera de la idea, sino de la materia prima: las bandas.

Es sano y justo decir que el Festival NRMAL puede valorarse como uno de los contados espacios que no olvidan esta materia prima, esto, nutrido del concepto y las facilidades que la celebración presenta lo convierte en una ocasión perfecta. NRMAL abandonó la ciudad de Monterrey, y llegó para quedarse en el DF.

Después de una semana de actividades en la Estela de Luz: NODO y un showcase en el Foro IndieRocks! el mood NRMAL estaba a tope.

El primer día pasó tan rápido como un caudal, Metz llegó tronando guitarras y golpeando platillos. Los de Toronto llevaron su set un escenario más grande de los que están acostumbrados, ante los pocos asistentes que apenas llegaban. La oferta de hip-hop en el escenario Red Bull fue rica, al tener de invitados de lujo: Simpson Ahuevo, seguido de Bocafloja.

De pronto el sol ya se estaba escondiendo y una de las propuestas más interesantes del festival cautivó a propios y extraños, mayormente a extraños; El Último Vecino puso un tono ochentero que deslumbró por su ejecución. Desde el capitolio llegó Chain y su pandilla, prendiendo al público por la ligereza y extroversión de su frontman.

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La noche cayó y mientras el escenario Red Bull se prendía de baile y charanga con Chancha Vía Circuito y Rebolledo, en la explanada principal llegaba uno de los invitados más aNRMALes de la noche: Porter. Los alguna vez considerados niños prodigios de Guadalajara no llamaron en demasía la atención y dejaron a la gente en espera de los headlines.

Para cerrar: Black Angels retumbó fuertes guitarras para dar paso a Phantogram, el acto esperado de la noche, una vez que nos enteramos que Machinedrum tuvo problemas de vuelo y no se presentaría.

Los actos estelares del domingo atrajeron a una mayor cantidad de gente. El Deportivo Lomas Altas (escondido dentro de un jardín de estado), vio llegar a más asistentes el segundo día. Mientras el sol aún quemaba, Jacques Costeau y Twin Peaks pusieron a la gente a sudar, los primeros con ritmos fuertes y agresivos, y los de Chicago con un sonido garajero.

Tops y Buscabulla sentaron el ánimo para los platos fuertes. Future Islands vio a Samuel T. Herring adueñarse del escenario. El acto cautivó al respetable, del que se escuchaban gritos de “¡genio!”, fue tan especial el momento que Gerard Alegre, voz de El Último Vecino subió al escenario a abrazar a Samuel a medio set. El noise experimentado de Swans viajó a los presentes a otra dimensión, el momento duró bastante, más no lo suficiente, y cuando menos pensamos, el festival había concluido.

El NRMAL pasó a ocupar una media justo en los festivales musicales mexicanos, siendo más grande que los festivales DIY que ocupan bares de la capital, y más amable que los festivales de OCESA. Esperando no abandonen por siempre a la sultana del norte, en la capital tendremos esta joya por un buen rato.



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