Paliativos para una CDMX a punto del colapso

  • De la región más transparente al Hoy no Circula
  • En la CDMX el transporte público está dolorido, artrítico, esclerótico, comatoso y desbordado para la cantidad de usuarios.

Verónica Camacho

En días pasados, en la víspera de la primavera, la CDMX nos abrió su cielo y pudimos admirarlo todo azul; también la cortina tóxica nos dejó ver la majestuosidad de los guardianes del valle de México: el Popocatépetl, el Iztaccíhuatl y el Ajusco. Los fuertes vientos despejaron la mugre, aunque ello trajo consigo la caída de espectaculares, árboles y bardas. Fueron días como pocos, como esos de la “región más transparente” en plena modernidad. Sin embargo, días después, el cielo se volvió gris, triste; el aire espeso, tóxico y tenebroso: después de catorce años la CDMX era declarada en contingencia ambiental.

Con los días de viento se suspendieron las clases. Con los días tóxicos también. En el segundo caso el transporte público, de por sí desbordado, fue gratis durante tres días, una medida sin razón. Con las restricciones se registró un incremento de 20% en el número de usuarios, si de por sí ya es caótico, esos días lo fueron más. La contaminación tiene precio pero en este caso a la CDMX la medida le costó 104 millones 820 mil pesos.

Las cifras, según la Secretaría de Movilidad, fueron las siguientes:

  • El número de usuarios del metro pasó de 5 millones 300 mil a 5 millones 500 mil, por lo que dejó de recibir 70 millones de pesos que bien pueden invertirse en reparaciones a los trenes, escaleras eléctricas, etcétera.
  • El Metrobús brindó servicio a 1 millón 300 mil personas, 300 mil más de lo que atiende a diario. Esto mermó sus ingresos pues perdió una cantidad de 18 millones 900 mil pesos.
  • Los RTP trasladó a 500 mil personas, lo que significó un aumento de 100 mil personas y una pérdida de 2 millones 400 mil pesos.
  • Finalmente, el servicio de trolebuses benefició a 65 mil usuarios más de lo cotidiano y dejó de percibir 4 millones 20 mil pesos.

La contaminación cuesta; la culpa más.

Ante la contingencia vino la orden de arriba: había que arreglar el desmadre ambiental. Años de chacota y de corrupción obligaron a la llamada Comisión Ambiental de la Megalópolis Metropolitana (integrada por el Estado de México, Hidalgo, Puebla, Tlaxcala y Distrito Federal) a reunirse y establecer medidas drásticas. Como siempre los dimes y diretes, las broncas políticas, el yo no fui, el tú tienes la culpa, el ya no te recibo la basura, etcétera.

Pero vayamos un poco más atrás cuando el gobierno de Mancera anunció que los autos de más de diez años dejarían de circular. La cosa era que si el auto tenía holograma 00 circularía todos los días durante el año entero sin tener que poner un pie en el Verificentro. Los autos con calcomanía 0 circularían diario, pero deberían pasar la verificación cada seis meses. Los de holograma 1 debían descansar un día a la semana (según el color de la calcomanía) y también descansarían dos sábados del mes. Finalmente, los autos con calcomanía 2 forzosamente deberían descansar un día a la semana y todos los sábados del mes. Obvio la gente no estaba contenta; se tramitaron amparos, promovidos por el PAN, pero nadie, nadie, reparó en otros factores que contribuyen a que hoy día vivamos pendientes de la contingencia.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación determinó que los vehículos anteriores a 2007 podrían no solo acceder al holograma 1 y 2, sino también al 0, siempre y cuando el automóvil estuviera en los límites de contaminantes permitidos. Esta resolución puso de nuevo en circulación a 3 millones 164 mil vehículos de los cuáles, aproximadamente el 40 por ciento no tiene restricciones para circular, de acuerdo con cifras de Tanya Müller, secretaria de Medio Ambiente de la CDMX.

Claro, para todo mal nunca falta un gandalla. Los verificentros hicieron el negocio de su vida (que de por sí ya lo era) ¿Cuántas veces ha “brincado” su vehículo por una cantidad de 150 pesos? Ahora las puertas se abrían para la corrupción y la impunidad.

Después del niño ahogado hay que tapar todos los pozos. Es decir todos coludos porque a partir del 5 de abril, de manera temporal, entran en vigor los ajustes al Hoy no Circula que aplicará para todos los vehículos sin importar el tipo de holograma.

Otra vez son medidas emergentes, solo paliativos para la foto que no toman en cuenta los estudios realizados por la UNAM y de organizaciones internacionales que gritan que el programa Hoy no Circula no sirve, que esta CDMX, al borde del colapso, necesita generar un programa de movilidad que no solo es dibujar en el asfalto líneas para la bicicleta, ni reduciendo los límites de velocidad. ¡No! Yo soy usuaria del transporte público que padezco todos los días. Mi tiempo de traslado se ha incrementado de 45 minutos a casi una hora porque tenemos un transporte público sucio, dolorido, artrítico, esclerótico, comatoso y desbordado para la cantidad de usuarios.

No ha habido un programa de movilidad que privilegie el trasporte público ni a quienes usan las bicicletas. Por las calles de la CDMX circulan microbuses y camiones que son verdaderas tartanas contaminantes conducidas por choferes que no respetan los reglamentos de tránsito, las paradas establecidas y a quienes les vale la seguridad de los peatones y usuarios. Todo ello con el consentimiento del agente de tránsito.

El problema es que esta CDMX ha crecido y sigue creciendo de manera desmedida y vertical. No hay planeación integral que considere rutas para el transporte en esos lugares donde se construyen edificios habitacionales y oficinas. Nos movemos en el caos. Se construyeron segundos pisos que van llenos: ¡una sola persona por auto! Inútiles segundos pisos que bien pudieron aprovecharse para la captación de agua de lluvia o para un Metrobús exprés que conectara a la ciudad. Pero claro: en el segundo piso solo van autos y hay que pagar por  ello y no es barato, créanme.

Los estudios indican que los automóviles son la primera causa de contaminación pero también está la industria y los hogares que contaminan en menor medida, pero hagan la suma de todos los factores. Los efectos en la salud igual no le importan al patrón, al secretario de medio ambiente, al presidente. ¡A nadie le importa el medio ambiente y la salud!, si así fuera, programas integrales ya se hubieran diseñado hace años. Esta contingencia nos dice que los censos y las proyecciones económicas y poblacionales que se realizan valen un carajo porque entonces esa información no se está aprovechando. Se estima, según la organización el Poder del Consumidor, que para 2020 habrá 7.5 millones de autos circulando.

En este país se castiga a quienes tienen auto porque las autoridades no asumen la responsabilidad que les toca porque quien puede, evita a toda costa trasladarse en el transporte público: ¡ese es el punto crítico!

Este crecimiento desmedido ha acabado con las áreas naturales protegidas, contamina los mantos acuíferos y además ahora nos enfermamos más seguido y ya no son solo irritaciones comunes, sino asma, enfermedades crónicas en vías respiratorias y seguramente algunos tipos de cáncer. En lo que va de este año la CDMX solo ha tenido ¡once días con buena calidad de aire! Se han declarado tres precontingencias y una contingencia en fase 1.

La medida es restrictiva y “temporal” (No olviden que el hoy no circula era una medida temporal) porque claro, entramos en la época de ozono que va de febrero a junio y que está asociada a la alta radiación solar, al calor y al efecto de La Niña, pero se sigue pensando en pequeño. Necesitamos medidas arriesgadas: ¿qué hay del home office?, ¿qué hay de los horarios escalonados?, ¿y sobre la ampliación de los horarios de servicios que eviten la concentración y circulación de autos en horas pico? Y el punto nodal: ¿qué hay del desarrollo de un sistema eficiente y seguro de transporte público?

La cosa aquí es que las políticas públicas están al contentillo y al ego de quienes gobiernan. El asunto es que esto se ha convertido en un tema político aderezado con harta corrupción. Triste también vivir en una ciudad donde no se puede hacer actividades al aire libre.

En 1962 J.G. Ballard escribió el libro de cuentos intitulado Bilenio, una especie de estampa del futuro en el que narra que la sobrepoblación ha llegado al extremo y cómo los gobernantes deciden el espacio, medido en pies cúbicos, que deben tener las viviendas de la gente. O el cuento titulado “La ciudad de concentración” cuyo protagonista inventa un artilugio para volar y busca un espacio para probar su invento, el problema es que la ciudad donde vive es una pesadilla arquitectónica donde cada pie cúbico tiene precio y no hay espacios libres que superen los cien metros.

¡Vaya que hemos rebasado la ficción!

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La Guía Definitiva de la Ciudad de México


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