Prostitutos tres punto cero

Por Elizabeth Velázquez

En el interior de un automóvil deportivo, Damasco mira por segunda vez su reloj antes de volver a fijar su atención en los mensajes que recibe en el teléfono. Una pesada esclava de oro se balancea en su muñeca mientras teclea con rapidez la respuesta. Es un viernes lluvioso en la Ciudad de México; el aparato continúa sonando con frecuencia, la mirada del joven pasa del tablero al teléfono de manera ininterrumpida. Selecciona algunas fotos explícitas que envía con una breve descripción sobre el servicio que ofrece. Un nuevo mensaje hace sonar el dispositivo, esta vez, las fotos que el joven envía son de otro hombre, aunque la descripción y el precio son el mismo.

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Es así como este joven de 26 años originario de la capital mexicana, coordina Rent Chakal, un grupo de cinco sexoservidores, quienes ofrecen sus cuerpos a través de Grindr, una red social de contacto homosexual, en la que la prostitución, o cualquier tipo de intercambio comercial, está totalmente prohibido.

El negocio de la prostitución no es nuevo para él. Once años atrás cuando era un jugador de americano en la secundaria recibió una oferta para pasar el fin de semana completo con un hombre que le doblaba la edad. Aceptó sin meditarlo demasiado. Su musculatura y juventud le ayudaron para seguir probando suerte con otros clientes por algunos meses hasta que decidió dejarlo por un tiempo. No fue hasta años después, cuando su padre falleció, que la idea de retomar su antiguo trabajo cruzó por su mente.

Cada tarde abordaba una Ecobici para llegar desde Reforma hasta Bellas Artes y la Alameda. Allí sacaba el talón diario. Efectuaba seis o siete mini servicios, que iban desde fajes ligeros hasta felaciones, por los que cobraba cien pesos. En menos de tres horas lograba juntar entre setecientos y mil pesos, dependiendo del día.

Le tomó poco más de un año aprender la mayoría de las mañas del oficio. Los mini servicios se convirtieron en trabajos completos. El dinero comenzó a fluir y con él, los lujos. La ropa de segunda mano quedó amontonada al fondo del armario. También cambió la bicicleta por un auto lujoso.

En el proceso se hizo de amigos, enemigos y una cartera de clientes que iba creciendo de boca en boca. A diferencia de otros hombres, que tenían que permanecer en la calle para trabajar, Damasco recibía llamadas directamente a su teléfono.

Tiempo después, cuando Iván, un compañero de la secundaria, le preguntó por la forma en que se ganaba la vida, Damasco encontró la primera oportunidad para extender su negocio. En lugar de sólo atender a algunos clientes por su cuenta, podría dividir el mercado entre ellos y así llegar a más personas en el mismo tiempo.

La experiencia que Damasco formó en casi medio año, sirvió como base al nuevo trabajador. Juntos comenzaron a desarrollar un sistema en el que se ofrecía seguridad, tanto al cliente como a ellos mismos. Pronto ese esquema se expandiría hasta formar Rent Chakal.

 

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TEPITEÑO, DE BARRIO BAJO, ERES UN CHACAL

Las luces de neón brillan con intensidad. El bit de alguna canción de electrónica resuena con fuerza por todo el lugar. El sudor resbala por la frente de Jabo mientras repite algunos de sus mejores pasos. Las cicatrices profundas de su rostro no logran distraer la atención de quienes lo miran bailar en ese momento. Un atisbo de sonrisa aparece en sus labios gruesos. Su mirada torva desaparece mientras baila. La lejanía de sus pensamientos se centra en llamar la atención, en provocar deseo. Su pelo crispado y negro se desordena sólo un poco. Sus brazos musculosos, producto de trabajar como cargador en La Merced durante años, son objeto de varios halagos. Su aspecto desaliñado y de pillo, de hombre duro de los barrios bajos, es su principal atractivo.

 

El gusto entre la comunidad homosexual por estos hombres, a los que han denominado chacales, es alto. Es la fantasía preferida, aunque también una de las más peligrosas, ya que la mayoría trabaja aún en las calles, ofreciendo junto a ese aspecto criminal algunos riesgos de verdad.

 

Este gusto personal fue el que empujó a Damasco a recorrer las calles de la Ciudad de México. A bordo de su automóvil buscaba hombres que cumplieran las expectativas de un verdadero chacal, aunque a diferencia de otros clientes, él conocía los riesgos y mañas de este oficio. Una sola mirada le bastaba para decidir si el hombre que estaba apunto de subir a su coche era o no peligroso.

 

Un día mientras circulaba sobre Puente de Alvarado encontró a Jabo, y se dio cuenta de que era justo lo que buscaba. Se estacionó junto a él y le propuso tener sexo a cambio de dinero. Al joven cargador no le agrado completamente la idea. Le gustaba ser admirado mientras bailaba, pero nunca había mantenido una relación homosexual. La cantidad ofrecida fue lo que finalmente lo convenció.

 

De ese encuentro en la parte trasera de un automóvil, y de la curiosidad de Jabo sobre la forma en que Damasco se ganaba la vida, nacería el concepto total de Rent Chakal. Un grupo de hombres, no necesariamente homosexuales, que al cumplir con cierto perfil podrían ofrecer servicios sexuales seguros a una comunidad que demandaba por cumplir esas fantasías.

 

Pasó poco tiempo antes de que el joven abandonara por completo su trabajo como cargador. Ser sexoservidor no sólo ofrecía mayores ganancias, sino que, por primera vez en su vida, trabajaba para él. Ser su propio jefe era el mayor beneficio que obtenía de su nueva ocupación. Así Jabo, con su mirar turbio y sonrisa corta, se convertiría en el tercer miembro de este colectivo.

 

Meses después, con una idea clara sobre lo que querían lograr, Damasco, Iván y Jabo, aceptaron a sus dos últimos integrantes. Gustavo, un joven de Tlaxcala que había llegado a la ciudad por algunos trabajos de albañilería, y Alejandro, quien había trabajado en la prostitución desde los doce años, y aportaría con su experiencia dos cosas fundamentales para el grupo: los protocolos de seguridad y la restricción sobre la edad de los integrantes de Rent Chakal.

 

El último paso para conformar por completo este servicio fue la creación de un perfil tanto en Twitter, como en Grindr. El primero era para fomentar la marca y dar seguridad a los clientes. El segundo, serviría para ofrecer sus servicios fuera de las calles y de una manera más segura.

 

Transportar la experiencia de la calle hasta una aplicación móvil fue un éxito casi inmediato. La cantidad de servicios que cubrían en una noche aumentó en más de un 60% en los primeros meses. Los beneficios comenzaron a aumentar, pero también lo hicieron los riesgos.

 

 

GOTITAS DE AMOR

Ymgard coloca un par de monedas de diez pesos sobre la mesita de noche de aquel cuarto de hotel. Sin ninguna preocupación comienza a tomar sus pertenencias. Camina hasta el baño y acomoda su cabello castaño mientras vuelve a maquillarse. Sobre la cama, está uno de sus clientes, completamente ajeno a lo que pasa a su alrededor. Cuando la mujer termina de arreglarse, toma su bolsa y sale del lugar. En ella lleva poco más de cuatro mil pesos, además de todas las tarjetas y contraseñas bancarias de su cliente.

Ella es una de las amigas que Damasco hizo mientras trabajaba aún en las calles. Es transexual y prostituta. A diferencia de otras, Ymgard no utiliza la violencia al momento de cometer los robos; droga a sus clientes, ya sea con ansiolíticos o gotas oftalmológicas. Prefiere hacerlo con las pastillas porque así es más fácil conseguir las claves bancarias. Además las gotas son peligrosas, han matado a algunos, y por eso sólo las utiliza cuando no puede conseguir en Tepito alguno de los los antidepresivos o ansiolíticos con los que trabaja.

Según datos de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF), los delitos más comunes relacionados a la prostitución son, además de trata de personas, robo, lesiones, narcomenudeo y homicidio. Sin embargo, cuando se trata de prostitución homosexual, la mayoría de las victimas prefiere no denunciar, ya sea por vergüenza o por miedo a que sus preferencias sean reveladas.

En la Ciudad de México no existe ninguna organización no gubernamental (ONG) o institución que se dedique a tratar, específicamente, los casos de prostitución masculina. El estigma que pesa sobre este oficio se multiplica cuando el que lo ejerce es varón, y es peor cuando el tipo de servicios que ofrece son para otros hombres.

El silencio que pesa sobre estas prácticas es lo que permite que los crímenes sucedan con cierta impunidad. Con la implementación de estos servicios a través de las redes sociales, en donde ya no es necesario ir a un hotel, sino que el sexoservidor llega hasta el domicilio, los robos no sólo han aumentado, sino que, en algunos casos, departamentos enteros han sido vaciados.

Por otro lado, los riesgos a los que se enfrentan estos trabajadores, especialmente los homosexuales, también son altos. Según la Comisión Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) los delitos contra la comunidad Lésbico, Gay, Bisexual, Transgénero, Transexual, Travesti e Intersexual (LGBTTTI) son más violentos que los registrados contra otros grupos vulnerables.

En la Ciudad de México se registran anualmente más de 100 homicidios relacionados con la homofobia. El grupo más afectado es el de las mujeres transexuales. En este panorama muchos de los servicios que se contratan y se ofrecen por medio de redes sociales o aplicaciones son broma, pero otros son sólo señuelos para atraer a miembros de esta comunidad para golpearlos e incluso asesinarlos.

Este es un riesgo al que, a pesar de los protocolos de seguridad establecidos, también están expuestos los miembros de Rent Chakal. La mayoría de las veces no han sido más que bromas o amenazas veladas que no tienen verdadera importancia. Pero en una ocasión, Jabo se vio atrapado con un hombre que lo amenazó con una navaja después de sentir vergüenza por lo que acababa de hacer. Le tomo más de veinte minutos tranquilizarlo, que dejara el arma costo un poco más.

La experiencia obligó a modificar muchos de los protocolos que hasta entonces mantenía el grupo. Aún así Damasco prefirió ser sincero con su familia y contarles sobre su trabajo. “Aunque fue duro, prefiero que lo sepan de mí, a que se los digan los policías el día que me encuentren muerto”.

EL BICHO DEL SIGLO XX

Las paredes blancas contrastan con las ilustraciones de moños rojos colgadas en ellas. En una fila discreta esperan aquellos que lograron conseguir una de las doscientas fichas que reparten diariamente en la clínica especializada Condesa. Damasco y Alejandro están en ella. Como parte de los requerimientos de la Secretaría de Salud, una vez abierta una carpeta como trabajador sexual, adquieres la responsabilidad de realizarte pruebas de detección de VIH (Virus de Inmunodeficiencia Adquirida), Hepatitis B y Sífilis cada seis meses.

Son pruebas de detección rápida, pero la espera, después del piquete para colectar la sangre, parece eterna. Una de las enfermeras llama a Damasco hasta uno de los consultorios, le entrega los resultados y sale casi de inmediato. Alejandro es el siguiente en pasar. Otros cubículos son desocupados rápidamente, pero el número cinco permanece cerrado.

Cuando la puerta se abre, el rostro desencajado y pálido de Alejandro es la única señal que necesitan todos para entender su demora. Algunos desvían la mirada, otros comienzan a murmurar. Damasco es el único que se acerca hasta su socio y amigo. No hace falta leer los resultados.

Desde ese momento, Alejandro tiene la responsabilidad, si es que quiere seguir dedicándose a la prostitución, de informar a sus clientes que es cero positivo. También, debe asistir a la Clínica Condesa cada mes para recibir tratamiento. Como él, se estima que existen más de 150, 000 casos de infecciones de hombres que mantienen relaciones sexuales con otros hombres (HSH) de entre 15 y 49 años.

La Secretaría de Salud del Distrito Federal proyecta, sólo en esta población, 1, 260 infecciones nuevas al año, lo que representa el 50% de todos los contagios nuevos en la ciudad. El tipo de contacto sexual durante estos encuentros y el poco uso de preservativos, son las causas principales de esta epidemia. A pesar de las campañas hechas, tanto por el gobierno capitalino, como por organizaciones civiles y ONG’s, la transmisión de este virus sigue siendo la principal preocupación de las autoridades de salud en la comunidad LGBTTTI.

Pero no todos los contagios se deben a relaciones sexuales; un porcentaje mínimo también se debe al abuso de drogas. Aunque el impacto en esta comunidad es menor, ya que las drogas que utilizan son generalmente poppers y marihuana, algunos prueban otros narcóticos como cocaína o heroína.

El tráfico de sustancias ilegales, es el otro problema de salud que preocupa a las autoridades dentro del ejercicio de la prostitución. Aunque los miembros de Rent Chakal tienen prohibido intercambiar sustancias con los clientes, esta situación no es ajena a ellos. Una cantidad importante de sus servicios a veces no tiene fines sexuales, sino de compañía, especialmente cuándo quien los contrata quiere únicamente que lo cuiden.

“Muchos sólo buscan compañía, alguien que esté con ellos echándoles un ojo, y bueno, ese también es nuestro trabajo”, dice Damasco con una sonrisa ligeramente orgullosa. El concepto que ha formado de Rent Chakal es sólido, con protocolos que incluyen todo tipo de accidentes, incluso sobredosis. Y aunque la posibilidad de comercializar con drogas ofrece un mejor ingreso para el grupo, sus integrantes prefieren seguir trabajando al amparo de ley, que sin permitir la prostitución, tampoco la clasifica como un delito.

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PODER Y PLACER ES CASI LO MISMO

Una patrulla de transito hace sonar la sirena para indicar al vehículo frente a ella que debe detenerse. Un oficial se acerca hasta la ventanilla del conductor, primero le pide sus papeles, luego le indica que deberán revisar el automóvil. Damasco, que es quien maneja aquella noche, se niega. Los patrulleros lo amenazan, pero al joven no le toma más que un par de llamadas, para que lo dejen continuar con su camino.

Las detenciones arbitrarias son comunes para los sexoservidores. En esta ocasión bastó con que la patrulla lo viera detenerse y subir a uno de los integrantes de Rent Chakal a su coche para detenerlo cuadras adelante. La mayoría de la veces, los conductores acceden a todo tipo de intimidación por vergüenza a ser descubiertos con un trabajador sexual. No es así esta noche.

Los chicos de este grupo y el coche de Damasco son bien conocidos por los patrulleros de las zonas donde trabajan con regularidad. Narvarte, Roma, Zona Rosa, Del Valle y Tabacalera son algunas de sus favoritas. Allí pocas veces los llegan a detener y, cuando lo hacen, sólo deben informar que son trabajadores sexuales tolerados. También es importante destacar que entre la cartera de clientes que tiene Rent Chakal figuran algunos políticos, elementos de la policía federal, gente de gobernación y hasta un delegado.

Pero no sólo las leyes son poco claras en la capital. Las políticas de uso de Grindr prohíben ampliamente cualquier tipo de comercio a través de su plataforma. Especialmente la prostitución. A pesar de esto, la practica es común entre usuarios de esta aplicación. Con perfiles en los que se ofrecen claramente servicios sexuales, decenas de cuentas pueden ser encontradas sólo en la Zona Rosa en la Ciudad de México. Y aunque algunas veces son suspendidas, se reactivan sólo después de algunas horas por tratarse de usuarios premium, que pagan por tener la cuenta.

México es el tercer país más activo dentro de la plataforma. Aunque muchos de sus usuarios no tienen interés en la prostitución, otros han encontrado una forma segura de renovar el turismo sexual del que antes eran objeto calles como Praga y Hamburgo o destinos costeros como Cancún y Puerto Vallarta.

De cualquier forma, sólo este rubro de la prostitución vale mas de 9 mil millones de dólares al año. Es esa cifra, la que motiva a Damasco a trazar otros planes para su marca. Llevar a Rent Chakal hasta esos puntos fuera de la ciudad, donde pueden ser contactados a través de la aplicación por turistas interesados en pagar por otro tipo de servicios, ese es el siguiente paso en el mercadeo de este grupo.

EL RIESGO SIEMPRE PAGA

La mirada de Damasco continúa pasando de la pantalla de su teléfono, hasta el tablero del automóvil. No es tan activo como antes. Ya no puede dedicarse plenamente a sus servicios desde que su pareja actual, uno de sus antiguos clientes, se lo pidió. Sin embargo, tiene claro que en la prostitución existe una fecha de inicio y una de final. Que el tiempo útil para ejercer esta profesión es de menos de 30 años.

También sabe que debe invertir en otros proyectos el dinero que ha ganado. Comprar joyas, autos, seguros para sus pertenencias e incluso el pago de un servicio de gastos médicos mayores por los próximos cinco años, son algunas de las precauciones que este joven ha tomado para enfrentar su vida cuando, según él, el cuerpo no sea suficiente para vivir.

Sueña con llevar a Rent Chakal a otras alturas. Convertir su marca en una agencia. En conseguir tratos comerciales con diseñadores que paguen por que los chicos de Rent utilicen sus prendas durante los servicios. En ofrecer turismo sexual responsable en las playas mexicanas como Zipolite o Puerto Vallarta. Quiere constituir la primera empresa formal de sexo servicio en México. Y Grindr, es en gran parte, responsable de poder sustentar todos esos sueños.

Sin embargo, a pesar de las precauciones, los peligros siguen acechando. Cada servicio que acepta constituye un riesgo inminente. Cualquier cosa podría salir mal, desde una detención arbitraria, un cliente insatisfecho, hasta la muerte. Ninguno de estos pensamientos parece cruzar la mente de Damasco mientras envía por mensaje más fotografías. Esta vez, no son de otro integrante de Rent Chakal, sino de él mismo.

Cuando uno de los clientes acepta el precio, recibe no sólo la confirmación, sino un ticket virtual que establece el horario y las condiciones del servicio. También debe proporcionar dirección y número telefónico para asegurar que no se trata de una broma. Desde ese momento, Damasco mantiene comunicación constante con él a través de WhatsApp y sólo interrumpe la comunicación cuando el encargado del servicio ratifica su llegada.

Le toma sólo un par de minutos confirmar la dirección a la que asistirá. Su mirada abandona finalmente el teléfono desde el que había estado escribiendo durante horas, para fijarse en el espejo. Sus cejas se unen un poco al tener que quitarse la gorra color naranja que tanto parece gustarle. También se desprende de la chamarra deportiva Nike antes de arrancar el motor de su automóvil deportivo. A pocos kilómetros de allí su cliente lo espera.

Y el tiempo, en este negocio -más que en cualquier otro- es dinero.

 



La Guía Definitiva de la Ciudad de México


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