Río 2016: el adiós y últimas reflexiones

Tokio 2020 Mario Bros

Foto: Meristation

 

Los Juegos Olímpicos de Río 2016 han finalizado. La llama olímpica se extinguió. Las historias de valor y coraje las veremos dentro de cuatro años. Los grandes deportistas desaparecerán de nuestras pantallas. Por fin descansaremos del deporte a la carta de veinticuatro horas. Extrañaremos ver a las voleibolistas en bikini saltar para pegarle al balón. Los gimnastas dejarán de sonreír y bailar frente a las cámaras. El zoológico de atletas de alto rendimiento se cierra hasta el veinte-veinte.

¿Cuántas historias sexuales se habrán desarrollado en la Villa Olímpica? ¿Cuántos nadadores habrán empacado condones y lubricante de fresa antes de partir hacia Río de Janeiro? ¿Cuántas niñas de quince a veintidós años se habrán tocado por las noches pensando en algún gimnasta? ¿Por qué confundimos en Facebook a las olimpiadas con el prostíbulo más grande y mediático del mundo?

Los Juegos Olímpicos, en cualquier versión que usted me diga, son la maqueta mediática más gigante del mundo expuesta a la lupa opinativa de cualquiera que enciende la televisión o la computadora. El medallero, una exhibición pública de qué tan miserables son las naciones que apenas les alcanza para aspirar a una o dos medallas de oro y la reafirmación de las potencias económicas y políticas.

La ceremonias de apertura y clausura, un juego de luces rápidas y furiosas, bonitas y elegantes que tienen como objetivo impresionar al público. Espero ver a Mario nadar en la misma piscina que Michael Phelps y a Sonic compitiendo contra Usain Bolt en Tokio. ¿Y los Juegos Olímpicos de Invierno? Yo recuerdo que cuando era niño jugué algún videojuego de ellos y me admiraba de ver cómo dos sujetos barrían el hielo para lograr que un artefacto parecido a una caca anime se deslizara hacia donde quisieran.

Los atletas mexicanos también son militares, como los encargados del deporte nacional también son expertos en seguridad pública. Además, nuestros deportistas anhelan algún día convertirse en políticos. Qué necedad la de ellos y la de todos los atletas de cualquier parte del mundo que ostenten representar a una nación. ¿Y si les dijera que, como dice el escritor Guillermo Fadanelli, mi nación son mis libros, las películas que veo y la gente que me rodea? Qué necedad la mía no perderme el evento en el que participan. Para qué, si al final de cuentas, yo no gano nada y sigo fingiendo que escribo.

 

**Las opiniones aquí vertidas son responsabilidad del autor y no son necesariamente compartidas por Capitalino Errante**

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(Ciudad de México, 1993) Estudió Ciencias de la Comunicación. Cursó el Diplomado de Creación Literaria en el Centro Horizontal. Ha colaborado en distintas publicaciones como Prólogo, Palabrerías, A Buen Puerto, Punkroutine. Operación Marte, Revés Online, La Rabia del Axolotl, Liberoamérica y Tierra Adentro.


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