Río suena… a bullying

Alexa Moreno

Foto: regiodeporte.com

 

A una semana de que los Juegos Olímpicos de Río 2016 finalicen, la cosecha mexicana de medallas es casi nula. Para los atletas de alto rendimiento de este país es difícil ya lidiar con la competencia misma. Hay que sumarle, además, los errores administrativos y los malos manejos de los dirigentes de pantalón largo. No conformes con eso, las reacciones en redes sociales por el aparente mal desempeño de los deportistas han sobrepasado los límites de la sana y prudente exigencia.

Uno de los ejemplos es el de Alexa Moreno, gimnasta olímpica criticada y blanco de burlas para muchos mexicanos debido a su complexión fuera de los estándares de belleza impuestos por la publicidad. Yo reto a aquel que pese lo mismo y tenga la misma figura de Alexa Moreno a que de piruetas en el aire como un gimnasta de su calidad, que no es suficiente para competir por una medalla.

¿Qué es lo que hace que los usuarios de redes sociales, en lugar de construir, destruyan la imagen de los atletas olímpicos?

El fútbol y el box son los más populares en estas fatídicas y burlonas tierras, no hay fin de semana que no se transmitan por televisión. El atletismo, la natación, la gimnasia, se ignoran durante cuatro años en los grandes medios y aparecen cada olimpiada.

Las pantallas, desde hace mucho, se han vuelto nuestra realidad y lo que debería ser nuestra realidad se ha convertido en nuestro verdadero mundo virtual. Es decir, que todo lo que sale en televisión y en internet es la verdad absoluta, cuando sólo es una interpretación de la vida misma. Y la vida misma se deja a un lado.

Los atletas que reaparecen cada cuatro años en televisión, en nuestra realidad, tienen un camino basto, un camino recorrido que los llevó a la máxima justa. Me atrevo a usar un cliché ejemplificando: un clavadista que queda en el lugar veintiocho no es el último del mundo, sino el número veintiocho de miles y miles de clavadistas que hay alrededor del mundo, sólo que en la televisión únicamente hay veintiocho.

Esto deja a los más distraídos indefensos. Para ellos, faltos de sensibilidad y análisis, productos de un sistema económico esclavizante, de un mundo televisado y televisivo y de una vida carente de conciencia de la otredad, lo que su mente alcanza a ver es lo que los medios de comunicación  le muestran: una gimnasta “gorda” que queda en la posición treintaiuno, una de las últimas en ese específico evento de las olimpiadas sin considerar que para llegar ahí, y nuevamente cliché, tuvo que sortear muchas carencias de apoyo económico y político-deportivo.

Creo también que otro de los motivos que causan los malos resultados olímpicos es la misma idiosincrasia del mexicano, arraigada, naturalmente, en los deportistas, pues como lo dije antes, prefieren ver el vaso medio lleno; muchas veces, con la sangre caliente de latino, se defienden diciendo que son el número cinco del mundo, que no hay que pensarlo como fracaso, cuando creo que, como un halterofilista asiático, deberían no sentirse tan conformes sin el oro. A pesar de eso, al parecer, son de los mejores mexicanos que puede haber.

Otro aspecto que considero importante es la capacidad de concentración, carente en el mexicano, nos distraemos muy fácil. Y para competir con los monstruos olímpicos hay que ejecutar cada movimiento a la perfección. Concentración, máxima para el deporte para que el cerebro mande las señales precisas a cada parte del cuerpo. Y este es otro punto que los más distraídos no consideran y llevan a cabo su burla, su amenaza, su insulto, su insensata exigencia y su sentimiento de traición hacia los atletas de alto rendimiento.

¿Qué te da sensibilidad, capacidad de análisis y conciencia de la otredad? El arte, la cultura, la lectura y la escritura. Y en un país en donde la concentración es difícil de realizar, por lógica, es un espacio que no está hecho para leer ni escribir.

Nuestra poca aspiración a competir a altos niveles deportivos es reflejo de lo que se vive política, social y culturalmente en un país tercermundista que apenas exige una o dos medallas de oro porque no damos para más, porque no somos tan buenos en el futbol como creemos, porque nuestros estándares son bajos, porque lo que vemos en la televisión y en el internet es nuestra falsa aspiración y nadie nos dice que no somos tan geniales como creemos ser porque ni siquiera sabemos ser ciudadanos ni ganadores y con todo eso nos burlamos de nuestra gente de élite por nuestra incapacidad de reflexión.

De cualquier manera es deporte, a quién le importa.

 

**Las opiniones aquí vertidas son responsabilidad del autor y no son necesariamente compartidas por Capitalino Errante**

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(Ciudad de México, 1993) Estudió Ciencias de la Comunicación. Cursó el Diplomado de Creación Literaria en el Centro Horizontal. Ha colaborado en distintas publicaciones como Prólogo, Palabrerías, A Buen Puerto, Punkroutine. Operación Marte, Revés Online, La Rabia del Axolotl, Liberoamérica y Tierra Adentro.


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