Sorpresa en el microbús – ¡Asústame panteón!

Muchas veces agradecemos que el transporte público pase a altas horas de la noche, después de ir a un concierto, a una fiesta o de ver a la novia, pero, ¿qué sentirías si vienes en el autobús, una persona arriba y otras tres a punto de subir aunque una de ellas venga en los brazos de sus acompañantes y sin reacción alguna?

Una historia capitalina digna de contarse, la muerta en el camión.

Mientras las manecillas del reloj marcaban las 2:30 de la mañana, Alejandra se dirigía a su casa que queda muy cerca de Echegaray en el Estado de México, como la ruta dos (Chapultepec – Valle Dorado) tiene servicio las 24 horas, no hay problema con su regreso. Todo pareció normal, sólo otra persona se encontraba en el microbús.

La unidad se detuvo en el momento que entró a periférico, subió a dos pasajeros que llevaban a una mujer colgando de sus hombros, con el cabello cubriendo parte de su cara, cabeza agachada, vestido desgastado y cuerpo tan tieso como vil tabla.

Alejandra pensó que la mujer venía ebria o simplemente se sentía mal, los hombres parecían muy normales, con un rostro de preocupación pero no más. Decidieron alojarse en el asiento trasero, pero la mujer parecía que no podía doblarse bien.Sorpresa muerta

Todo esto despertó la curiosidad de los presentes, Alejandra volteó a ver qué pasaba con aquella mujer, vaya sorpresa se llevó.

La cara todavía dibujaba el dolor por el que pasó, unos ojos que se mantenían abiertos mirando al vacío, sin poder ser cerrados, la boca abierta como pidiendo clemencia, las manos sobre el cuello de los hombres pero sin poder flexionarlas, su piel pálida y la mirada de sus dos acompañantes cuidando que nadie se diera cuenta de lo que pasaba.

La curiosidad de Alejandra era tan fuerte que no podía dejar de ver en los espejos para darse cuenta de lo que pasaba entre aquél trío. El microbús estaba a punto de llegar a Valle Dorado, cuando Ale sintió que alguien la tomó por el hombro, era la otra persona que venía desde la base con ella.

La cara con la que se dirigió a Alejandra jamás se le olvidará, con pánico y preocupación le dijo: “bájate conmigo antes de llegar a la parada, hazme caso, pero por favor no mires a las personas que están atrás”.

Ella hizo caso, el señor con quien bajó le contó que había visto cómo la mujer que estaba con aquellos hombres estaba muerta, sí, muerta. Ellos la llevaban como si estuviera inconsciente pero se le notaban las marcas del maltrato, la mirada sin luz, sin aliento, sin bombeos de corazón y mucho menos signos de molestia o dolor.

Alejandra sospechaba lo mismo y simplemente echó a llorar como si fuera alguien muy cercano a ella, nadie sabe qué pasó aquél día, tal vez el cuerpo lo dejaron en un parque enterrado, la pudieron destazar y tirarla a la basura o simplemente la conservan como su máximo trofeo, ¡vaya personitas que nos encontramos en la ciudad!

Así que tengan cuidado cada que viajen a las altas horas de la noche, no saben si el chofer o los pasajeros les pueden dar una grata sorpresa. No se les vaya a subir el muerto.

Sorpresa muerta



Comunicólogo FES Acatlán, Marketing Digital, fútbol y según escritor.


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