Testosterona, hombría y malas decisiones en ‘Enemigo de Todos’ – Crítica

Un único camino y en ambos extremos dos hombres. Enemigo de Todos explora, tanto la relación que se forma entre ambas parejas, como el encuentro de dos opuestos en un mundo al que nada le importa ni nadie le importa en una anécdota bellamente ilustrada y contada de forma inteligente.

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Toby Howard (Chris Pine) junto con su hermano, Tanner (Ben Foster) salido de prisión, deciden recorrer y robar bancos por todo el estado de Texas, hogar de hombres machos, duros y valientes. Uno de ellos, vestigio de los antiguos sheriffs, es Marcus Hamilton (Jeff Bridges) quien escapa del retiro persiguiendo a la muerte junto con su compañero indio-mexicano Alberto Parker (Gil Birmingham).

Por un lado presenciamos lo que significa ser un hombre frente a otro hombre. Ya sea en forma de dos hermanos que encuentran sus mejores momentos jugando como niños, en lo que saben, puede ser su último día como hombres vivos y libres. O también en los papeles de Mentor-Aprendiz, donde el amor es igual de profundo, a pesar de ser esencial el poder y sublimación del otro. Por lo tanto, en esta última, el cariño surge en forma de un racismo y machismo exacerbado.

Del otro lado vemos el rencor y astucia con la que los “hombres de verdad” luchan por lo que es correcto: los fugitivos por el bienestar familiar; los agentes de la ley por el correcto ideal. El paisaje desolador ya abandonado, propio de una distopía post-apocalíptica; junto con la paradójica amistad de los oficiales indio-mexicano/vaquero-racista, provoca por momentos reflexiones interesantes y atractivas, sazonadas por el hecho de que el antagónico principal parece ser el sistema bancario.

Sin embargo, cuando al personaje más interesante y carismático le falta motivación para perecer en un clímax que sólo pudo ocurrir en la mente de un director de cine, y el peligro es inexistente para los que son opuestos (y por lo tanto conducen toda acción dramática), todo discurso queda tímido y carente de contundencia.

David Mackenzie se presenta con un ‘paquetote’ de testosterona, hombría y malas decisiones envueltos en secuencias de acción coherentes y disfrutables. Una historia que, si bien pudo quedar mejor amarrada, no deja de complacer al espectador casual, y termina por entregar un producto de entretenimiento con calidad, categorías que para nada deben estar peleadas.

Director: David Mackenzie

Guión: Taylor Sheridan



Escritor, estudiante de comunicación. Fan de la vida, los libros, la música y un buen café.


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