Un novato en H&H – A.N.I.M.A.L.

Acosados Nuestros Indios Murieron Al Luchar; fueron las palabras que encontré cuando me puse a buscar esta banda argentina que sacudió mi mundo en el Corona Hell & Heaven Fest 2016 de la Ciudad de México.  No hay duda: jamás había vivido un slam así.

Por Fernando Ramos

Gustavo Azem. Capitalino Errante.

Eran casi las seis de la tarde y el festival se sentía raro, sin grandes emociones aún. La zona general, por ejemplo, disfrutaba de Dragon Force, la mayoría sentados, acostados, cheleando. Incluso lucían más cómodos que los riquillos del VIP con sus mesas y sillones lounge bien fresas.

Yo me topé, en una de tantas vueltas, con el Alternative Stage donde  una manta colgada exhibía las letras A.N.I.M.A.L. Cuando la gente se acumuló de prisa sólo pude pensar en lo bueno que se pondría. Al frente todos parecían medir más de 1.90 y no veía nada; aún así, logré clavarme hasta la primera fila a puro empujón y arrimón.

En el escenario aparecieron tres sujetos tatuados, rudos, violentos y con instrumentos en mano. Las palmas recias, gritos, chiflidos e insultos buena onda me decían que esto sería sádico. De inmediato reventaron mis oídos por el bombo en las bocinas frontales con tanto volumen que mi corazón tuvo varios paros. Era inexplicable, a mi cuerpo le gustaba. De pronto la flojera que emanaba del festival se convirtió en energía pura.

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Fernando Ramos. Capitalino Errante.

Pasaron tres canciones y Andrés Giménez, vocalista, felicitó a los asistentes por la buena vibra del mexicano. Yo también la sentía, el público era como una familia. Sin embargo, esa felicidad se transformó en terror cuando a petición de la banda, los asistentes se abrieron en circulo para rifar un sangriento Moshpit.  Con una rola de cuarenta segundos iniciaron los puñetazos que la adrenalina impidió sentir. Me rompieron un pómulo, pero eso pasa cuando quieres verte cool.

Mientras la agrupación tiraba un gran chorizo, sentía las playeras sudadas, los abrazos de la gente y moría de calor. Otra canción comenzó, no sé cuál, no importa. Sí, grité sílabas al azar fingiendo fanatismo religioso por ellos. Me clavé en su cotorreo. Fue entonces que un infante de 8 a 10 años tomó por asalto el escenario, saltó, bailó, aventó unos tremendos guturales y a nadie le importó la letra, pues gritamos con él como chiquillas viendo a Justin Bieber.”¡A huevo!”, escuché unas 2300 veces.

Mi felicidad desapareció cuando noté que los tres bajaban del escenario entre aplausos y yo no tenía idea de lo que habían tocado o lo que pasó. Nunca me gustó tanto el metal como hoy. “¿Se llamarán A.N.I.M.A.L?”, pensé. “No importa, al rato pregunto”. Como quisiera regresar el tiempo, fue una gran presentación.

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Gustavo Azem. Capitalino Errante.

Gustavo Azem. Capitalino Errante.

Gustavo Azem. Capitalino Errante.

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Gustavo Azem. Capitalino Errante.

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Gustavo Azem. Capitalino Errante.




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