Una Vida Secreta. Capítulo IV.

Por MaryJose Hinojosa / @MaryJoseHS / maryjosehinojosa@capitalinoerrante.com

 

EL SOBRE

Noche, luna, seducción… ¿Qué otro escenario podría ser perfecto para crear un nuevo secreto?

Bruno y yo fuimos al cine, como siempre yo debía escoger la película que veríamos. ¿Romance?…no lo creo; ¿Acción?…podría ser. ¡Terror! Así es, para variar mi elección se había inclinado más por ver sangre, sustos y escenarios turbios. Yo disfrutaba tanto de ver esas películas y él, supongo, disfrutaba de complacerme al verlas conmigo. La función ya era tarde, pues ese jueves salíamos de clase a las siete de la noche.

Ese día, por lo tarde y lo lejos que quedaba su casa de la mía, doña Lucy lo dejó pasar la noche; le prestó un catre, cobijas y una almohada para que durmiera en mi habitación “dejan la puerta abierta, muchachos”, dijo la señora ocurrente y se marchó a dormir.

El reloj marcaba ya las once y cuarto de la noche, el cielo estaba completamente despejado, y la luz de la luna alumbraba completamente mi habitación.

– ¿Qué es eso Audrey?- preguntó Bruno mientras abría el catre y lo dejaba bien fijo.

– No sé, ¿qué es qué?- contesté con otra interrogante mientras parada frente al espejo, ponía en mi cepillo un poco de pasta dental.

– Tienes un sobre verde encima de tu cama, ¿Acaso tienes un admirador secreto del cuál no sepa?- continuó acomodando las sábanas azules en el catre.

– ¿En serio crees que yo podría tener algún secreto que no sepas?- Contesté después de haber cepillado mis dientes.

– No lo sé, corazón; es por eso que lo pregunto.- se aventó a mi cama con su mueca burlona.

Terminé de lavar mi cara y me puse mi pijama para salir del baño y acostarme a dormir.

– A veces eres tan presuntuoso que me dan ganas de agarrarte a mordidas.- me aventé a un lado de él y comencé a morderle los brazos y la espalda.

Entre los jugueteos mi cabeza quedó a un lado del sobre verde, lo tomé y lo guardé en mi cajón.

– Probablemente sea de mi madre, ya ves que nadie más sabe que estoy aquí.- cerré mi cajón y le di un fuerte beso en sus labios. -Ya vete a tu catre- comencé a empujarlo de mi cama.

Él me abrazó por la cintura y me dijo – ¿Vas a dejar que me duerma en el catre? Hace frío y está incómodo, además no quepo, está reducido.- Ante tal petición, no pude negarme así que dejé que durmiera a mi lado, abrazado a mi cintura, aferrado no sólo a mi cuerpo sino también a mi alma.

Al siguiente día Bruno se fue muy temprano, pues debía llegar a su casa para que no lo regañaran. Yo desperté para ir a trabajar y mientras me bañaba recordé el sobre verde que guardé en mi cajón, aún seguía sin saber de quién era.

Al salir de la regadera, fui a mi buró y saqué de él la carta. No tenía remitente y la nota decía:

“La historia se repite, la sangre fluye siempre por las mismas venas y pisamos las huellas de los que están más arriba que nosotros

                                                                       Audrey.”

Pensé que tal vez se trataba de alguna nota de mi madre, no podía pensar en que era un error del correo, pues la nota tenía mi nombre escrito. ¿De qué se trataba todo esto? Mi curiosidad, siempre y hasta el fin de mi existencia, más grande que mi razón, comenzó a dar pequeños golpes en mi cabeza para que pensara en un posible remitente y en el significado del mensaje.

Dejé de lado la carta y continué alistándome para ir al trabajo, cuando llamaron a mi puerta.

– ¡Pase!- grité al llamado.

– ¡Te he traído correo!- aunque ya había visto a mi madre, aún seguía causándome sorpresa verla. -Logré recuperar estas cartas que te mandó tu abuelo, digo, si las mandaba a Madrid se quedaría sin respuesta y todo se te terminaría. Responde en unos días, cuando tengas tiempo.- Definitivamente mi madre no pudo haber escrito la nota y ahora con este acto no sabía qué esperar. Me despedí de ella con un cálido abrazo y me fui a trabajar.

Pensé en contestar la carta: “si tuviera la amabilidad de explicarse bien y decirme qué desea, podríamos hablar y entendernos mejor”. ¿Y a quién va dirigida mi respuesta? Obviamente no sabía.

Al parecer yo no era la única intrigada por ese sobre; cuando llegué a la escuela Bruno estuvo muy insistente en cuanto a la procedencia de ese sobre, preguntándome qué era lo que decía la nota y quién la había enviado. Algo dentro de mí no quiso decirle nada, y simplemente le di la vuelta a sus preguntas con un “no sé, no la he leído”. Pero yo sentía que eso no lo detendría por mucho tiempo.

Pasó el día y al llegar una vez más a mi habitación, otro sobre verde había llegado a mi cama, era como si viviera en una fotografía, pues el sobre se encontraba en el mismo lugar que el otro.

Un escalofrío erizó mi piel y sentí una muy extraña sensación en mi estómago. ¿Quién carajos había venido a dejar otro sobre en mi cama? ¿Qué diría este nuevo sobre? Comenzaba a sospechar, debido a su insistencia, de Bruno; tal vez se trataba de una broma pesada. Sin dudarlo más abrí el sobre:

“Lo estás pensando mucho. Hoy a la media noche en el parque de cañitas. No puedes ignorar a tu destino.

                                                            Audrey”

¿Mi destino? ¡Qué carajos es esto! No sé quién manda estas notas; saben mi nombre, mi dirección y me están citando en un lugar a la media noche. Mi cabeza estaba poseída, indudable y perdidamente, por el ente de la curiosidad.

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Apagando todos los interruptores de lógica y racionalidad de mi cerebro, esperé a que en mi reloj dieran veinte para las doce de la madrugada y bajé de mi habitación hacia el garage.

Tomé una bicicleta vieja de color azul con destellos plateados y manubrios blancos que tenía Doña Lucy aventada. Me puse en marcha hacia el parque de cañitas. Atravesé Mariano Escobedo, la calle y la ciudad eran como un pueblo fantasma, las personas que estaban en la calle parecían las ánimas vagantes en un limbo que era mucho peor que el infierno. Me detuve justo frente al módulo de policías y no parecía haber ningún rastro de personas que esperaran por mí. La sangre de mi cuerpo pedía a gritos adrenalina, pedía emoción a grados máximos.

Mirando hacia todas direcciones me quedé viendo a lo que, de lejos, parecía una silueta grande y poco formada. De pronto el aire sopló como un lamento y la sensación de un dedo tocó a mi espalda. Volteé rápidamente y jamás creí ese rostro, esos rostros mejor dicho, harían cambiar mi vida por completo, llevándome a sentir los arrepentimientos más grandes que pude haber llegado a sentir en mi vida.

 

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