Una Vida Secreta. Capítulo III. Continuación de la segunda parte (2)

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MaryJose Hinojosa / @MaryJoseHS / maryjosehinojosa@capitalinoerrante.com

De la Audrey callada, tímida y sin muchas amistades, quedaba poco, pues al dejar entrar a Bruno en mi vida, fue abrir una puerta para dejar entrar a la vida misma. Con la novedad de que el amor había llegado a mí, todo comenzó a cambiar ligeramente, pues por primera vez en toda mi vida, sentía una vulnerabilidad enorme, pues tenía en juego a la persona que más me importaba, y luchaba con la dualidad del bien y del mal cuando de él se trataba. Sí, le oculté la cosa más grande de mi vida a Bruno, lo hice sufrir al ocultarle y al confesarle el monstruo que llevo dentro. Él lo sabía desde antes de que yo pronunciara mis crímenes. El amor de mi vida, fue la persona que no simplemente me desenmascaró, sino que sacó mi verdad a la luz pública.

Bruno siempre quiso ser una especie de Sherlock Holmes, quería saber siempre la verdad de las cosas, y hacía investigaciones tan profundas que era muy difícil que algún dato se le escapara. Con sus ojos que parecían el reflejo café del deseo puro y el tono firme pero cálido  de su voz y esa nariz que terminaba como una punta de flecha, señalando descaradamente a sus labios gruesos, era imposible tratar de mentir.

 Gustaba de descubrir verdades y de exponer a aquellas personas que mentían, digamos que él era más peligroso que un detective, pues era periodista.

Aun no sé cómo fue que logré mantenerlo alejado de mis crímenes. Él estaba conmigo casi todo el tiempo. En la escuela, cuando salía del trabajo él me esperaba fuera del consultorio, pues temía que el doctor fuera a propasarse conmigo, incluso había ocasiones en las que haciendo tarea o regresando de algún lugar, él se quedaba a dormir en la casa de huéspedes. Había hecho migas con doña Lucy, y ella me aconsejaba que nunca lo dejara ir.

Y aunque ambos teníamos el sueño de ser periodistas, el hambre que tenía él por desmentir verdades era incluso más grande que mi anhelo por ser reconocida en el mundo periodístico.

Así que en esos momentos yo me encontraba, en  lo que hace tiempo reflexioné, el momento perfecto de mi vida; estudiaba lo que quería, trabajaba en un lugar que no me desagradaba tanto, tenía a Bruno, no estaba bajo un yugo paternal y era libre. Hasta que mi historia de perfección, de niña de familia y con un perfil bajo, dio un giro de 360 grados.

Lo que creía el momento más feliz, perfecto e interminable de mi vida, se fue convirtiendo en un camino solitario, lleno de crímenes, sangre, secretos, impulsos estúpidos que a la larga me costaron la vida, bueno, me costaron la pérdida y el rechazo por parte de la persona que me hacía sentir viva. Y todo comenzó con un pequeño sobre verde que tenía grabado en relieve una letra “A”, la cual definiría los siguientes dos años de mi vida, como una serie de asesinatos.



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