Una vida secreta. Capítulo III.

Otra persona

MaryJo Hinojosa / @MaryJoseHS / maryjohinojosa@capitalinoerrante.com

 

La mente no dejaba de darme vueltas, sentía la garganta seca; me desesperaba el ir y venir que provocaba el viento en las persianas viejas de la habitación, el color pálido de las cuatro paredes me causaba aún más ansiedad y lo incierto de mi presente estaba a punto de hacerme enloquecer. Tocaron a mi puerta, y a lo lejos el tétrico recepcionista me habló:

“Señorita de los ojos grises, contamos con servicio de desayuno, sólo por unos cuantos pesos más…”, su voz aún erizaba los vellos de mis brazos. Tomé mi mochila y me puse la chamarra; salí del cuarto y lo seguí al bajar las escaleras.

Más que un hotel, el lugar parecía una casa abandonada, como una casa de huéspedes, clásica, antigua, escalofriante a la vez. Llegamos a la cocina donde había un desayunador grande.

-No tiene mucho hospedaje, ¿verdad?- pensé que al ser amigable me permitiría salir con vida de aquel hotel.

-No, sólo está usted en éste lugar. Aún no logro entender que hace una señorita como usted…- la curiosidad llegó a mí una vez más.

-¿Cómo yo, señor?… ¿a qué se refiere?

-Como usted, de corta edad, sola; que pareciera tenerlo todo y que sin embargo se niega a tenerlo. ¿Le conté la historia de la habitación 22? En la que pasó usted la noche.

-Mi cansancio se negó a escucharla, pero ¿qué sucedió en ese cuarto?- Tomó de la repisa dos platos y acercándose a la estufa comenzó a servir los huevos revueltos con jamón que había preparado.

6452607416-Fue hace ya algunos años, 20 años para ser exactos. Una joven, muy parecida a usted, si me permite decirlo, vino en busca de una habitación. Venía sola y sin equipaje. Ella me pidió que le diera la llave del cuarto 22, la superstición fue la explicación que ella advirtió aquella noche. Subió al cuarto y se encerró, yo creí que estaba dormida y cuando dieron las once y media de la noche puse el enrejado y me fui a dormir. A la mañana siguiente que desperté no escuché ningún ruido y subí a asegurarme que nada malo hubiera ocurrido a aquella jovencita. Toqué varias veces a su puerta sin respuesta alguna y pensando lo peor, con el duplicado de la llave, abrí la puerta y encontré la escena más impresionante que jamás creí ver en mi vida. Los muebles estaban rotos y la cama deshecha, como sí un millón de cuchillos hubieran tasajeado el colchón. Las paredes tenían un color rojo, parecía como si hubieran utilizado los órganos de aquel hombre como brochas y su sangre como la pintura para redecorar el cuarto. La muchacha ya no estaba en el cuarto y la ventana estaba abierta. Aún no me explico qué fue lo que pasó y no sé si la policía investigó el crimen o nos encontramos frente al crimen prefecto.- Su rostro palideció y su mirada quedó perdida. Yo sentí una nausea enorme que me impidió comer lo que restaba de desayuno. Con la impresión de haber dormido en una escena del crimen, pague lo del desayuno y salí de aquel extraño lugar.

Las posibles imágenes de aquel homicidio se arraigaban a mi mente con cada paso que daba. Me parecía asombroso cómo había sido posible cometer tal crimen y que nadie se enterara en el proceso y mucho menos que ninguna evidencia incriminatoria pudiera haber sido encontrada en el cuarto. Me fascinó la historia y fue así como decidí que estudiaría periodismo en la UNAM. Justo cuando iba rumbo a hacer el examen.

Sin darme cuenta llegué al lugar de registro, sin ningún documento más que la ficha que pude solicitar tiempo antes de que me inscribieran en Madrid. Sólo llevaba aquel documento, mi identificación y mi pasaporte. Para mi suerte la persona que revisaba la documentación para presentar el examen, me dijo que sólo necesitaba la ficha impresa que llevaba.

Mis manos comenzaron a sudar mientras esperaba en la fila que comenzaría a construir un nuevo destino para mí. Dentro de mi cabeza los pensamientos no cesaban. La preocupación de qué haría para darme de baja de la Universidad de Madrid, no me dejaba concentrarme en lo que debía de pensar. Estar inscrita en una universidad de otro país podría ser un problema, tanto para mi ingreso en la UNAM, como la notificación que llegaría a mis abuelos sobre mi baja de aquella escuela.

Por fin avanzó el grupo de personas que serían las próximas a presentar el examen, entre ellas yo y mis nervios. La banca parecía extraña, era como si nunca jamás en mi vida hubiera estado en un salón de clases, me prestaron un lápiz y como pude fui contestando las preguntas que aparecían en mi prueba. Debo reconocer que la insistencia en el estudio por parte de mis abuelos, había sido algo bueno al momento de presentar el examen.

d08f2Cuando terminé con todas las preguntas, entregué la hoja y salí del salón. Al salir me tropecé con Miriam, una amiga de la preparatoria, lo cual era un problema para mí, pues ella asumía que me encontraba en Madrid estudiando. Una preocupación surgió en mí, pues lo mejor hubiera sido que nadie ligado a mi pasado se encontrara conmigo en estos momentos. Yo me encontraba prácticamente huyendo y escondiéndome de todo lo que había dejado atrás. ¿Ella sería capaz de decirles a mis abuelos que me vieron presentando el examen para la UNAM? No podía confiar en nadie, pero nunca me pasó por la mente que me encontraría con algún conocido, y mucho menos había pensado en qué decir para que las cosas no se me salieran de control.

 



La Guía Definitiva de la Ciudad de México


Déjanos un comentario