Cargarás con tus muertos toda la vida

Velas

 

Nunca entendí en realidad qué era de mí. ¿Acaso una amiga? ¿Una tía? ¿Una nana? Ninguno de esos sustantivos le quedaba. Nunca le di nombre hasta el día que partió. Se puede no recordar por mucho tiempo a un amigo,  a una novia, a un perro o al atún de la mañana, pero nunca a quien estuvo contigo desde pequeño.

Siempre habrán momentos infinitos de tristeza cuando recuerdes a tus muertos. Todos los días. Cinco minutos de melancolía apurada por el resto de tu vida. Por eso el aspecto empeora entre más edad se tenga. Las arrugas y los ojos cristalinos de los viejos no son marcas de tiempo, sino tristezas acumuladas por ver a los suyos partir.

Uno envejece un poco más cuando alguien a quien quieres muere. Al irse, se lleva un pedazo de ti, de tu ser, y algo se apaga adentro, pero otra cosa lo sustituye, se queda un pedazo de ellos en ti: los hábitos, las costumbres, los gestos, el desayuno por la mañana, la última comida, el VapoRub en tu cajón, el pollito de cuerda, el balón pateado, el ‘ve por el bote pronto’, la foto de Reino Aventura, aquella vez de Acapulco.

Todos somos mariposas; nos vamos secando, hasta desaparecer.

 

**Las opiniones aquí vertidas son responsabilidad del autor y no son necesariamente compartidas por Capitalino Errante**

@mauricioneblina



(Ciudad de México, 1993) Estudió Ciencias de la Comunicación. Ha colaborado en en el fanzine Punkroutine y en las revistas Prólogo, Palabrerías, A Buen Puerto, Operación Marte, Revés Online, La Rabia del Axolotl y Tierra Adentro.


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