La vida de un nini (Parte III: el fin de la historia)

Trabajo nini

Foto: mundoflaneur.com

 

Toda mala racha tiene un fin. Han pasado siete meses desde que he intentado conseguir un trabajo. ¿Para qué un trabajo? No lo sé. Tal vez como mera inercia. O para poder comprar algún videojuego y uno que otro libro. Digo que han sido siete en total, aunque en realidad me vi obligado a detener mi vida un par de meses. He puesto empeño en recuperarla. Muchas cosas han pasado. Me subí al Metro con traje y corbata, dejando en casa mi mochila, lo cual me hizo sentir incompleto. Vi nuevamente el sol de las mañanas, al que me había desacostumbrado. Caminé con zapatos que me produjeron ampollas. Crudié en una entrevista de trabajo. Me enojé con las chicas de Recursos Humanos por ser tan cerradas. Los horarios me espantaron. También rechacé una que otra oportunidad de trabajar por el poco salario que me ofrecían, por ser turno nocturno o porque me ofrecían algo que no era de mi interés. Me decepcionaban mis peores entrevistas que me llevaban a fracasar en un intento más. Me frustraba haber pensado que tenía un trabajo asegurado y que nunca llegara la llamada o el correo diciendo que me habían aceptado. Me deprimí por haber perdido a alguien importante para mí. Paré dos meses. Nunca abandoné la búsqueda de opciones. Siempre me postulé a vacantes que no diferían de mis intereses. Vagué por las calles en busca de una oportunidad. Dejé mi currículum en los periódicos más importantes de la Ciudad. Alguien me dijo que tal vez no había llegado aún la vacante correcta para mí. Comencé a resignarme en emplearme en algo que no me gusta o en lugares que no requieren profesionistas, lo que sea que signifique eso. Retomé mi vida a finales de marzo. Sabía que marzo sería pesado. Predije que en abril se acabaría la malaria y me enfocaría nuevamente en mí. Retomé entonces el sendero que tuve que abandonar. Extrañaré levantarme tarde. No he tenido que madrugar por más de tres años, desde que mi horario universitario fue vespertino. Echaré de menos los días completamente libres en los que me dedicaba a limpiar polvo y jugar videojuegos aunque siempre me imponía tareas caseras o metas de lectura para no sentirme estático. Fueron siete meses de aparente flojera, que en realidad siempre había qué hacer, trámites que realizar, entrevistas a las cuales acudir, planes que pensar, ideas que desarrollar, reflexiones a las cuales acudir. Fue como una especie de hundimiento paulatino, donde cargué con presiones y dolores, pero en el cual, a pesar del descenso de este columpio emocional, siempre mantuve firme mis ideas y mis convicciones. Escribo este texto antes del lunes; para cuando se publique ya habré regresado de un “primer día” más en la vida. Ya les contaré cómo me fue.

 

Lee también:

**Las opiniones aquí vertidas son responsabilidad del autor y no son necesariamente compartidas por Capitalino Errante**

@mauricioneblina



(Ciudad de México, 1993) Estudió Ciencias de la Comunicación. Ha colaborado en en el fanzine Punkroutine y en las revistas Prólogo, Palabrerías, A Buen Puerto, Operación Marte, Revés Online y Tierra Adentro.


Déjanos un comentario