Nube de Semen – La Casa de Asterión

Por Fernando Vixtha /@FerVixtha / fernandovixtha@capitalinoerrante.com


Dios no es mi pastor, todo me faltará y empezaré a buscar “el todo” por el cielo, que principia en sus piernas y termina en la punta de mi lengua.

Mujer, eres perfecta y sin embargo te mueves. En cambio, soy yo tan feo, tan vicioso, tan imperfecto, tan viscoso, tan de carne y hueso, tan poeta, sangro tan azul y sin embargo, te escribo, te deletreo y te reduzco a un puñado de inocentes letras Arial 12.

Me tomo la libertad de copiarte para mis hojas, tal cual tu perfección me lo permita… para la eternidad, para que no mueras y te esparzas, como la precipitación me libres de todo mal. Que te tenga como un amuleto, aerolito angular de mi existencia, un vaticinio de que todo será inesperado, que puede o no llover, pero estarás ahí a lo lejos cuidándome, de noche y de día, qué exquisita compañía, así existas.

Y si, yo sé que eres muy alta, demasiado cielo para mis ojos; de los vellos más hermosos que han ocupado mis labios, más blanca, voluptuosa, insultantemente alegre en el aire, sinmigo, ni mis alas fragmentadas.

Pero no importa, es lo de menos, qué más da, si luego me sonríes y obligas al Dios que más confianza le tienes a decir quedito y como en un suspiro: hágase la luz. Y eres libre y te vienes conmigo, por los siglos de los siglos, mientras luzcas esa sonrisa tan vertical. Después me cubres, me envuelves, me mojas… Yo me siento lengua para todos tus orgasmos, me adivino boca para tus mejores pupilas; te preciso piel temblorosa, húmeda, para mis besos. Es que a tu lado la vida es mejor, es más fácil el insomnio, no hay calor… me salen bien los gestos, las risas, lo que eructo de mi pecho, incluso las palabras.

Eres un deleite, una delicia, sobre todo la silueta de tu abertura, esa que besa con precisión divina. Y tu ombligo, que es el del mundo, en donde divagan caricias infinitas, orgasmos aterciopelados y una lengua sedienta de ti.

Cielo, qué son las nubes. Por cuántas palabras me vendes un poco de himen. A qué sabe el mundo debajo de tu jersey. Quién eres, Poesía.

Perdón se enredan, mojan, tiemblan, sonríen mis dedos. Eres la muestra atmosférica del verano, del mejor invierno, pronóstico del clímax, así en la tierra como en el cielo, Lluvia. Todos conocen tu nombre… todos te buscan hacia arriba, te sueñan desnuda. El que esté libre de orgasmo que pase al frente porque hoy todos traemos nuestra piedra.

Porque has sido mía en tantas pesadillas, donde nunca me estorbas, donde el colchón se incendia, donde el aliento falta y de la nada te derrites, te vuelves líquida, fluyes fuera de mí… Nube de semen, blanca, símbolo del placer, reina del morbo; como la túnica de un dios adolescente, como la oveja nívea del pecado, así como un colmillo en tus muslos, blanca cual entrepierna de musa. Alba, vestida mejor que nadie de mí.

Nube, a tu boca mi acento le sienta tan bien, que es ahí donde el cielo tiene sus límites; Sí, ¡el infinito existe!… Está detrás de tus fluidos, después de esa neblina que cubre las perversidades del señor de risa amarilla, cuya única intensión es la de recetar orgasmos al mayoreo.

Ya no quiero más puntos suspensivos, ni mucho menos finales. Quiero que el único punto que se interponga entre nosotros sea el “G” y que convirtamos la pornografía en poesía, en estado volcánico, puro, natural… en erección. Nos conocemos poco, pero he leído en las estrellas que nuestros besos y caricias embonarán perfecto.

No eres sólida ni líquida, dicen que ser perfecta es tu estado predilecto y que en tus ratos de ocio te gusta mirar desde lo más alto, te gusta estar desvestida de negro, con tu mejor falda, saber que en esa gloria enseñaste a los transeúntes por primera vez los calzones. Yo te miro desde abajo Coca-Cola en mano y atino a pensar que tu grandeza sólo es comparable a la de la imaginación del hombre.

Quisiera saber si aprendiste a bailar en el mismo lugar donde te pintaron esa sonrisa, si te gustan los besos volados tanto como los de caramelo, si alguna vez te han dormido con 6 besos en las rodillas y si ronroneas cada vez que das los buenos días. Necesito saber a qué sabe tu cabello despeinado. Quiero saber qué pasa con él cuando estás triste y si lo han acariciado en sus peores días hasta dormirte. Quiero emparejar nuestras pestañas e inventarte que las noches de primavera refugian a varias de las de invierno, y es que tengo tantas ganas de despertar contigo entre los chubascos, como de recortar tu cabello, ganas de trasquilarte y hacer pelucas para los árboles.

En verdad necesito dejarte palabras hasta en el cereal y peinar tu fleco cada vez que quieras llorar. Se podría decir que hacemos el amor pero creo que eso ya estaba implícito cuando voy por ti y nos proponemos buscarle forma a los meteoros.

Desde hoy y siempre que me has mirado, todo es cúmulos, estratos, fluidos, arañazos, y desmadre. Es fácil, a veces un orgasmo dice más que mil palabras.

Es un juego donde satanás me habla de tú y todas los poetas de Shangrí-La me dan la espalda.

Pero debo decir gracias. Después de todo sólo se trata de encontrar la mejor manera de poder enterrar mis dedos en el último rincón de tu espalda. Es un placer, ya que a la temperatura de mis manos hierve tu sangre. Y traes debajo de la falda esos labios punzocortantes que tantos besos me deben. Voy a tomar tu cielo por asalto, deja de par en par tus piernas, te secuestraré, vivirás para mis más exigentes pesadillas, escondida bajo mi cama.

Cielo ven, tengo guardada tu estrella favorita en mi telescopio; si vienes ahora se va contigo mi mano. Pero déjame ver una vez más tu altar, Venus. Regresa, y te doy todos mis versos, pero prométeme que tu último suspiro se parecerá un poco a mi nombre. No te vas a levantar de la mesa hasta que termines de tragar este corazón que te acabo de servir.

Sólo eres eso, el pensamiento que no he dicho, en esta historieta mal hecha que es la vida. Eres la exposición al aire libre de todas las formas en que el divino verbo puede eyacular, únicamente eres la página en blanco que algún día no he de llenar a menos que me regales tus labios de dos en dos.

¿Qué eres? Solo esa nube risueña con la que sueño siempre que quiero llorar, eres mi mano temblorosa ansiosa de acabarte un poema, eres los ojos menguantes de tu placer, las caricias submarinas orgásmicas, la tinta boreal de mi pluma ingenua, mi pastel de cumpleaños, el verso con el que me enamoraste, la sonrisa que traías puesta el día de la procreación, eres el cuento nocturno que garantiza sueños húmedos, las altas caricias en público, el aplauso del mismo, el nobel de cursilería, las clases de poesía, mi antología de sonrisas, la tuya de orgasmos.

Pero solo eres nube, nube, que se viene y al tiempo me muere.

Solo semen. Y por favor, tomad y coged todos a las nubes, leche de la divina insolencia que será derramada por vuestras bocas.

*También contribuyeron en este texto Ricardo Carbajal y Chevis Vixtha.



La Guía Definitiva de la Ciudad de México


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