Ruta Xochimilco y la devastación que cayó sobre los pobres

Pablo Vargas, Diego Corona, Daniel Aranda, Hugo Toledo, Luis Guevara y Omar Flores son un grupo de jóvenes que, como muchos otros, decidieron ir como voluntarios a las zonas más afectadas de la Ciudad de México por el terremoto del 19 de septiembre. Por medio de la fugaz información que traspasa cualquier límite de velocidad de las redes sociales, se enteraron que Xochimilco necesitaba brigadistas que quisieran apoyar en las labores de emergencia y levantamiento de escombros.

El grupo de amigos, proveniente del norte de la Ciudad, consiguió una camioneta particular para trasladarse al sur, pues el Tren Ligero suspendió su servicio desde la estación Tasqueña hasta El Vergel, lo que les impedía transportarse hasta su destino. San Antonio Abad fue su primera parada, ya que ahí se ubicó una base de brigadistas que distribuía a los voluntarios a distintas demarcaciones.

 

Xochimilco

Foto: Luis Guevara

 

Llegaron a las orillas del Lago de Xochimilco, al embarcadero El Salitre, donde estacionaron su vehículo para comenzar un viaje de un poco más de una hora de duración en una trajinera repleta de víveres junto a otros diez voluntarios. El agua estancada y llena de plantas submarinas, además del peso que cargaba el humilde embarque, dificultaba la navegación.

 

Xochimilco

Foto: Luis Guevara

 

Su destino final era San Gregorio, pero para llegar ahí, se necesitaba atravesar el pueblo de Santa Cruz, lugar donde el grupo de voluntarios comenzó las labores de ayuda y donde comenzaron los problemas. Bajaron de la trajinera todos los alimentos, bebidas y medicamentos que transportaron a través del Lago, y los comenzaron a repartir entre los habitantes de la zona; en ese momento, un grupo de brigadistas se separó de ellos para llevar víveres a San Gregorio en una camioneta, mientras los demás se ocupaban de Santa Cruz. Preguntaron a los habitantes de la zona qué tan lejos estaba un lugar del otro; ellos les respondían que a cinco minutos de recorrido.

 

Xochimilco

Foto: Luis Guevara

 

Cuando terminaron su primera labor, caminaron hacia el siguiente pueblo, su verdadera prioridad, pero al paso de los minutos se dieron cuenta que no estaba tan cerca como se les había informado. En el trayecto, los habitantes de Santa Cruz se les acercaban a pedir su ayuda para levantar los escombros de las bardas que se  habían caído, solicitaban un poco de los víveres que iban cargando y algunos les agradecían ofreciéndoles pequeñas bolsas con lunches.

 

Xochimilco

Foto original

 

La luz del día se hacía tenue a cada metro que avanzaban. Al llegar a San Gregorio, pueblo humilde, notaron que estaba completamente destruido. Omar Flores relata que la construcción más alta era el campanario de la iglesia y hasta ése se cayó por el sismo. Pensó en el contraste de clases sociales e incluso dudó que el lugar donde se encontraba seguía siendo parte de la Ciudad de México.

 

Xochimilco

Foto: Omar Flores

 

Los voluntarios señalan que, si acaso, había cinco militares en aquel pueblo y ningún Policía Federal.  Un señor de la tercera edad salió de su casa implorando de su ayuda, devastado porque había perdido su casa y a sus amigos. Su esposa se disculpó argumentando que el señor nunca bebía, pero que esta vez a causa de su tristeza decidió hacerlo. El grupo de amigos levantó cada uno de los tabiques de una barda derrumbada para que un par de viejos que habían quedado atrapados pudieran salir de su hogar.

 

Xochimilco

Foto: Omar Flores

 

Hugo Toledo comenta que así como hay personas nobles que ayudan, hay otros que no, pues ante la dificultad que tenía para cargar una carretilla llena de material de construcción, un par de jóvenes se le acercaron pidiendo algún producto de acopio con cerveza en mano. Él le dijo que mejor le ayudaran a cargar. Ellos sólo recogieron algunos ladrillos, los pusieron en la carretilla y se fueron.

Sólo pudieron estar en San Gregorio alrededor de media hora, pues el tiempo se les había consumido en Santa Cruz y tenían que regresar a la orilla del Lago a las nueve de la noche, hora en que salía la última trajinera rumbo al embarcadero donde habían dejado su vehículo.

 

Xochimilco

Foto original

 

Sabían que si decidían cruzar ambos pueblos caminando, no llegarían a tiempo, así que pidieron aventón. Entre pollos y otros voluntarios que vivían en la zona, viajaron de pie en el cajón de una camioneta. Constantemente le preguntaban a sus compañeros brigadistas si iban por el camino correcto, pues la incertidumbre de no saber exactamente dónde se encontraban se apoderó de ellos. Los que vivían en Xochimilco se bajaron a mitad del camino y corroboraron la ruta que tomaba el transportista con el grupo de amigos para que estuvieran seguros de que en verdad los dejaría en el Museo de Arqueología local, punto de reunión para que todos los voluntarios tomaran camino sobre el Lago para volver a casa.

 

Xochimilco

Foto: Omar Flores

 

En el trayecto hacia el Museo, el tráfico se volvió intenso, por lo que decidieron bajarse y emprender lo que quedaba de ruta a pie; de lo contrario, si esperaban, no llegarían a tiempo para alcanzar el viaje de la última trajinera. Minutos antes de las nueve de la noche, arribaron al Museo, pero para su mala suerte, les informaron que el traslado final ya se había puesto en marcha.

El grupo se molestó con la falsa información que les habían dado a lo largo del día. Por un momento pensaron quedarse en la casa de uno de los brigadistas locales, quien les había ofrecido alojo por si ya no alcanzaban a regresar. Preguntaron sobre la distancia entre el Museo y El Salitre. Les dijeron que no era tanta, pero que no se arriesgaran a caminar por la única ruta que había pues estaba muy oscura y peligrosa.

 

Xochimilco

Foto original

 

Luis Guevara dice que vio a varios de sus compañeros bastante nerviosos y asustados, como nunca los había visto. Sin saber su ubicación exacta caminaron por un pueblo sin luz y con el temor de ser asaltados hasta que por fin llegaron al embarcadero El Salitre. Una vez más fueron víctimas de la desinformación del pueblo mismo. Cansados, sudados y espantados, pero al mismo tiempo aliviados por llegar sanos a su camioneta, se subieron y tomaron camino de vuelta a casa.

A pesar de las múltiples dificultades, sobre todo el haber vagado por unos rumbos desconocidos, el grupo cuenta que es una experiencia que los unió más de lo que ya estaban, pues si juntos se salen a divertir, juntos también salen a ayudar, con lo poco o mucho que pueden, a una sociedad en crisis y devastación. “En las buenas y en las malas”, escribió Luis Guevara en una publicación de Facebook junto a la siguiente foto. Una historia que dicen, contarán a sus hijos, sobre el día que los jóvenes tomaron la ciudad para nunca soltarla, al menos ellos así lo planean.

 

Xochimilco

Foto: Hugo Toledo

 

 

**Las opiniones aquí vertidas son responsabilidad del autor y no son necesariamente compartidas por Capitalino Errante**

@mauricioneblina



(Ciudad de México, 1993) Estudió Ciencias de la Comunicación. Ha colaborado en en el fanzine Punkroutine y en las revistas Prólogo, Palabrerías, A Buen Puerto, Operación Marte, Revés Online, La Rabia del Axolotl y Tierra Adentro.


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